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La Elección del Fiscal o la Última Piñata del Año

“En la casa de cristales aún chorreante, los niños
de luto contemplaron las maravillosas imágenes”,

Arthur Rimbaud


Alfonso Fajardo

En este año 2012 los políticos se han repartido los principales nombramientos disponibles en el año calendario, y han provocado los más sonados escándalos dentro del ámbito político. Hemos visto cómo los partidos políticos, después de generar la peor crisis institucional de El Salvador en veinte años, negociaron de forma oscura la elección de los magistrados a la Corte Suprema de Justicia en lo que fue un combate entre algunos partidos políticos y la Sala de lo Constitucional. Hemos visto cómo se ha elegido al Fiscal General de la República, para después haber sido declarado inconstitucional. Hemos visto cómo a un periodista se le ha negado la entrada a la Asamblea legislativa bajo acusaciones que al final no se probaron. Hemos visto cómo ciertos diputados, amparados en el derecho a la disidencia política, han sido expulsados de sus partidos políticos bajo sospechas de corrupción. Estamos viendo cómo un préstamo de ochenta millones de dólares para el sector salud se vuelve en moneda de cambio para obtener otros favores políticos, para unos; y se vuelve en caballito de batalla de política populista, para otros. Entre todo ello, falta el último round, el último show, la última piñata del año: la elección del Fiscal General de la República después que el nombramiento de Abril hubiese sido declarado inconstitucional.

La elección del Fiscal General de la República es una pieza clave para todos los actores políticos y sociales de El Salvador: de ello de pende la persecución efectiva en contra de la corrupción en todos los niveles. No es casualidad que la elección se esté prolongando hasta el hartazgo. La persecución del delito no solamente se debe de hacer en la delincuencia común, en la delincuencia organizada y en las pandillas. El delito se debe buscar bajo las alfombras más finas, es el delito de cuello blanco el que está prolongando la elección del Fiscal. El Salvador es un rompecabezas macabro; un juego de ajedrez  entre apátridas cuyos intereses son meramente personales y partidarios; un agujero negro de donde Dios escapa corriendo; un rincón sórdido donde lo nefasto, la barbarie y el escarnio constituyen el pan mugroso de cada día.

La elección del Fiscal General de la República es importante pues esa elección definirá si en un futuro cercano ese delito de cuello blanco es perseguido o se queda, una vez más, en la más grandiosa impunidad. Como ciudadanos, desconocemos qué procesos o denuncias puedan encontrarse a la espera de la definición sobre la persona que será el Fiscal, pues en realidad dependerá de esa persona que determinados delitos se persigan de forma efectiva. Delitos de hace ocho, cinco, tres años o del presente, pudiesen salir a la luz si un Fiscal valiente admitiese potenciales denuncias de delitos de cuello blanco. La elección de un Fiscal comprometido con fuerzas políticas o económicas, por el contrario, implicaría el encubrimiento u omisión de investigación de ciertos tipos de delitos del pasado o del presente, de pasadas administraciones, de la presente y de la futura administración. En este punto, cabe preguntarse: ¿Quién o quienes buscan ese abrazo de impunidad por parte del futuro Fiscal? ¿Quién o quienes se empecinan y se casan con nombres específicos para dirigir la Fiscalía General de la República? La idoneidad del candidato no se puede reducir a un solo nombre, hay muchos abogados que pudiesen ejercer un buen papel dentro de dicha institución. Pero al casarse con un solo nombre, los políticos muestran –entre líneas- que esa elección es punto de honor por razones que la ciudadanía desconoce, pero intuye.

La Asamblea Legislativa, ante el estancamiento de la elección, debería reabrir la lista de 47 candidatos a efectos de elegir al más idóneo para el cargo, excluyendo aquellos que generan anticuerpos, resquemores y sospechas de parcialidad en sus posibles actuaciones como Fiscal. El estancamiento de la elección se vislumbra como otra crisis institucional que desatará nuevos arreglos entre partidos políticos, nuevos rompecabezas macabros, nuevos juegos de ajedrez y nuevas reuniones a puertas cerradas donde el gran ausente es el pueblo.

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