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El veto presidencial a las reformas que la Asamblea Legislativa había aprobado en la madrugada del fin de semana anterior, causó reacciones encontradas en el seno de los diferentes sectores políticos y sociales del país. Como en otras facetas de la realidad nacional, las reacciones fueron polares, aunque en esta oportunidad el discurso público ofrece matices y reacomodos que vale la pena analizar.
Por un lado, están los sectores progresistas que se expresan en organizaciones sociales, asociaciones, fundaciones, sindicatos, universidades e incluso integrantes del FMLN que no estuvieron de acuerdo con la iniciativa de su mismo partido. Estas voces, mostraron abiertamente su satisfacción por la decisión presidencial de vetar las reformas, porque las reformas promovidas en la Asamblea Legislativa, eran evidentemente atentatorias y retrógradas para las bondades que ofrece la Ley de Acceso a la Información Pública (LAIP) Los argumentos esgrimidos por quienes públicamente le dieron iniciativa a las reformas pretendidas, fueron insuficientes y débiles desde el punto de vista jurídico, pero especialmente, desde el punto de vista político. No es posible – ¡no debería ser posible! – que el mismo partido político, el FMLN, que asumió liderazgo en el nacimiento de la ley, hoy, tratara de castrarla.
Pero independientemente de las motivaciones reales y profundas que tuvo este episodio, el veto del Presidente puso punto final a un potencial debate desgastante, en el que estuviéramos involucrados en este momento. Por ello, las fuerzas sociales con vocación democrática – este periódico humildemente se suma – celebramos el veto y esperamos que éste siente un precedente para evitar que la LAIP sufra atentado regresivos en el futuro.
Por el contrario, la derecha partidaria, social, empresarial y económica tiene razones para estar tristes – y hasta molestos – por la decisión presidencial, pese a su discurso en favor del veto. ¿Por qué? Al recibir en bandeja de plata la bandera de la transparencia y la anticorrupción, se les presentaba una extraordinaria oportunidad para desgastar al FMLN y al Gobierno de Mauricio Funes. Ese pase de taquito que les hizo el FMLN lo explotarían desde hoy hasta las elecciones presidencial que se celebrarán el otro año; tenían todas las condiciones para rematar de chilena hacia el marco rival, con algunas posibilidades de éxito.
Fue cuestión de 24 horas para que se inundara el espectro mediático de notas, debates y análisis sobre este aspecto. Entre otros personajes, desfiló el candidato presidencial de ARENA, enfundado en una casi creíble expresión democrática, reprochando las reformas e invocando cerrar filas en favor del acceso a la información pública y contra la corrupción estatal. De paso, las gremiales empresariales, además de sumarse al discurso del partido ARENA, exigieron la creación inmediata del Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIP) por ser la instancia garante de la LAIP.
Lo curioso es que fueron estos mismos gremios empresariales – que ahora se autopresentan como preocupados por la institucionalidad – los que hace más de un año, intentaron manipular a su favor, algunas de las las asambleas sectoriales donde se eligieron las ternas que sirven al Presidente de la República para concretar los nombramientos del IAIP. Y en algunas lo lograron, como en la que una sola persona participó en la asamblea y fue la responsable de elegir a las ternas, ya que se presentó con un fajo de poderes de todas las gremiales. ¿Esto es congruente con la maquillada preocupación con el IAIP? Prácticas como éstas y muchas otras, desdicen el discurso público de la derecha.
Por eso, enhorabuena que la coyuntura de las malogradas reformas a la Ley de Acceso a la Información Pública se detuvo; de no ser así, habría dado lugar a la manipulación para fines electorales.
Seguramente, en varios escritorios quedaron en suspenso, artículos de opinión, planes para desarrollar foros de debate y demandas de inconstitucionalidad orientados a meterle más leña a la hoguera del desgaste político de la izquierda. Pero hay que estar alerta, porque lo más probable es que todos esos artículos, planes y demandas, no fueron a parar al cesto de la basura. Es muy probable que sólo estén esperando un nuevo momento oportuno.
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