El Consejo de Derechos Humanos de la ONU celebra, esta semana, un debate para discutir sobre Bielorrusia, donde la reelección para un sexto mandato del presidente del país, Alexander Lukashenko, en las elecciones de agosto ha provocado una ola de protestas multitudinarias que han sido reprimidas con virulencia por las fuerzas de seguridad.

«Desapariciones forzosas, secuestros forzosos, expulsiones y detenciones arbitrarias siguen produciéndose cada día en Bielorrusia», ha sostenido el embajador alemán ante el organismo, Michael von Ungern-Sternberg, explicando así por qué los países de la UE han pedido incluir la antigua república soviética en la agenda.

La decisión de incluir Bielorrusia en el debate ha sido apoyada por 25 países, en su mayoría occidentales, mientras que Venezuela y Filipinas se han opuesto y otros 20 países en vías de desarrollo y emergentes se han abstenido, según la agencia de noticias DPA.

Por su parte, el embajador bielorruso, Yuri Ambrazevich, ha denunciado la decisión, que ha definido como «una forma de intervención directa en los asuntos internos de un Estado soberano» por parte de los países de la UE.

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