El primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, ha anunciado este miércoles el comienzo de una ofensiva militar contra el Frente de Liberación del Pueblo (Tigray), el partido que gobierna en la región, al que acusa de haber atacado una base del Ejército federal para intentar robar equipo militar.

Etiopía declaró el miércoles seis meses de estado de emergencia en la región de Tigray, afirmando que “las actividades ilegales y violentas en el Estado Nacional Regional de Tigray ponen en peligro la constitución y el orden constitucional, la paz pública y la seguridad, amenazando especialmente la soberanía del país”. El país ya estaba inmerso en una disputa con Egipto por un enorme proyecto etíope para construir una presa, que ha atraído una inusual atención por África del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. También sufría una crisis a varios niveles agravada por la pandemia del COVID-19, la violencia étnica y una plaga de langostas.

“Esta guerra podría ser el peor resultado posible de las tensiones que se han ido acumulando”, explicó el miércoles William Davison, analista del International Crisis Group para Etiopía. “Dada la posición de seguridad relativamente fuerte de Tigray, el conflicto bien podría ser largo y desastroso”.

Según un reporte del Instituto Estadounidense de la Paz, la fragmentación de Etiopía “sería el mayor colapso de un estado en la historia moderna, que probablemente llevaría a un conflicto étnico y religioso masivo (…) y una crisis humanitaria y de seguridad en la zona donde se encuentran África y Oriente Medio, a una escala que haría sombra a los conflictos existentes en Sudán del Sur, Sudán, Somalia y Yemen”.

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