Dagoberto Gutiérrez

            El año es caracterizado políticamente por los rasgos fundamentales predominantes:  creciente crisis social de las masas populares, enriquecimiento galopante de sectores de la oligarquía local y de grandes empresas transnacionales, el deterioro ambiental del país, el golpe de la pandemia del covid-19, la crisis política, el deterioro indetenible del sistema de partidos políticos y la experiencia política, compleja y novedosa del pueblo.

            Este año es consecuencia de un permanente río de acontecimientos desarrollados el año anterior. Es un resultado y causa de lo que ocurrirá en el año venidero. Una especie de cadena eslabonada que registra la marcha inexorable de la historia de nuestro país.

            La crisis política estalla como consecuencia de una desastrosa experiencia que el pueblo ha sufrido durante las décadas posteriores a la finalización de la guerra popular. Recordemos que, en una negociación entre oligarcas, algunos mandos guerrilleros y personeros de los Estados Unidos, acordaron un gobierno neoliberal con los partidos ARENA y FMLN como vigas maestras de un sistema basado en los partidos políticos, elevados a la condición de propietarios del aparato estatal. Este plan comprendió la disolución de los movimientos sociales y la despolitización del pueblo.  Así, las elecciones fueron convertidas en el único ejercicio político que el pueblo debía hacer en cada votación.

            El neoliberalismo devoró a los partidos y también al Estado, haciendo del gobierno una especie de empresa comercial pública, en donde la corrupción y la incapacidad para afrontar y resolver los problemas de la gente estuvieron a la orden del día, durante más de treinta años. Al final de este proceso, el pueblo, aprendiendo a usar el voto con el que tantas veces ha sido engañado y burlado, inició un proceso, hasta ahora indetenible, para enterrar a estos partidos y construir un nuevo escenario.

            El empobrecimiento de los sectores populares y medios de la población es acompañado por el enriquecimiento de sectores oligarcas vinculados al comercio, al negociado del azúcar, a la banca y a sectores reducidos de la burguesía industrial. Esto ha creado una división insuperable entre el creciente pueblo empobrecido y el reducido sector enriquecido.

            El gobierno de Bukele, integrado por sectores que originalmente podían ubicarse en la pequeña burguesía empresarial, con el paso del tiempo y el ejercicio del poder, se puede considerar como un grupo social que avanza hacia nuevas posiciones en el terreno de los sectores dominantes, pero es previsible su mayor proximidad a la oligarquía que a la burguesía.

            El fenómeno de la pandemia es el acontecimiento de mayor impacto en la vida social, confrontó al mercado con el Estado y a la economía con la salud, de un solo golpe aniquiló la vida comunitaria y la actividad social. Al principio, inundó de pánico a toda la sociedad humana del país, después de unos meses, la vida empieza a recuperar cierto ritmo porque el pueblo necesita recuperar movilización y capacidad de acción política, sobre todo por la relación desigual que se da entre un mercado todopoderoso y un Estado reducido al papel de árbitro débil.

En esta relación, el pueblo pierde porque el mercado necesita la reunión más amplia de compradores y consumidores, pero cuando aparece el contagio y la enfermedad se extiende, el mercado no aporta nada a la medicina necesaria y es el gobierno el que tiene que responder. El pueblo no necesita recuperar la normalidad que se perdió por la pandemia ya que esto significaría regresar totalmente al mismo control absorbente del reino de las mercancías.

En su lugar, se trata de la lucha por construir una nueva realidad que sustituya a la actual, en todos los terrenos de la vida: recuperar el papel del Estado que debe dejar de estar en manos de los oligarcas y, por lo menos, cumplir con las funciones planteadas en la Constitución.                                           El mercado deberá estar al servicio de la sociedad, como un instrumento que puede y debe ser manejado de acuerdo a las circunstancias. Una nueva economía que supere al neoliberalismo y que asegure una sociedad en donde todos podamos comer, beber, vestir, tener salud, vivienda digna y trabajo y salario justo.

            En este escenario, las próximas elecciones de febrero del 2021 constituyen un momento político crucial donde el pueblo hará uso del voto como un arma que decidirá si se entierra  un pasado partidario perverso y se afronta un presente todavía no definido, o si el pasado se gana otra oportunidad.

            Hasta ahora todo apunta a que los partidos ARENA y el FMLN serán barridos en las urnas, sobre todo el FMLN, serán derrotados políticamente aunque sigan teniendo cierta existencia electoral que les permita medrar políticamente, así como el PCN o el PDC. El partido de gobierno, hasta ahora, parece tener condiciones de llegar a tener mayoría en la Asamblea, que podrá ser aumentada a partir de su alianza con GANA. Una nueva asamblea legislativa será en un primer momento una victoria incuestionable del actual gobierno; pero, para el pueblo será el momento propicio para exigir los cambios y transformaciones que después de año y medio de gobierno no se inician por ningún lado. Es una prueba de fuego para los gobernados y para los gobernantes. Es este el momento en que se resolverá el punto de para quien gobierna el gobierno.

            Si se continúa aumentando la deuda o se sostienen los ingresos basados en el IVA, eso será contra el pueblo. Si no se pone un impuesto a las riquezas acumuladas en el país o a las grandes empresas corporativas que funcionan en el país, si no se combate a muerte la evasión y la         elusión, a los capitales de los paraísos fiscales, todo eso, también será contra el pueblo, si no hay una reforma fiscal, reforma educativa, de salud, agraria, también tendrá el mismo signo.

El control de la Asamblea Legislativa será un nuevo escenario: un movimiento social luchando por su vida y por sus derechos y aprendiendo rápidamente a construir movimientos sociales, populares y políticos, aprendiendo a construir alianzas y acuerdos multicolores; mientras, se mantendrá la lucha contra la pandemia y, en el escenario venidero, la lucha por defender la vida ante la enfermedad correrá pareja con la lucha contra el capitalismo mas brutal y salvaje del neoliberalismo. Por eso, el año que viene nos debe encontrar mas despiertos que nunca, mas alertas que nunca y mas conocedores  del suelo que pisamos y   del sueño que habitamos.

San Salvador, 30 de diciembre del 2020.

Deja una respuesta