DagobertoGutiérrez

El triunfo de la Revolución Cubana removió las bases políticas, culturales y espirituales de una parte importante de la población, y muy especialmente, de su juventud. Cuba demostró que era posible hacer una revolución a pocas millas del imperio.

Esta verdad entusiasmó al pueblo, y se aseguraba que, de manera clandestina, con precaución y silencio, se escucharan los discursos de Fidel Castro en Radio Habana, y este era uno de los comentarios más cotidianos en las conversaciones. Oír la Radio Habana Cuba era como una expresión de rebeldía y resistencia ante la dictadura militar.

En esos años, en todos los pasaportes se ponía un sello a todos los viajeros donde se decía que ese pasaporte no servía para viajar a Cuba y a todos los países socialistas. Toda resistencia tenía que ser clandestina, pero tenía que ser.

El Partido Comunista, como se puede entender, era un renglón silencioso y peligroso en el conocimiento social del pueblo. La propaganda oficial y la privada denunciaban las                                    veinticuatro horas que los comunistas eran peligrosos, que comían y vendían niños, que le quitaban todo a la gente, que negaban a Dios y cerraban las iglesias, que no había nada en el mundo más peligroso que un comunista. Y, sin embargo, algunos nos atrevimos a enfrentar esta muralla de mentiras, pero no lo hicimos abiertamente sino paso a paso, sucesivamente, y tratando de que la gente descubriera por su propia experiencia, la verdad de las cosas.

El primer problema que se enfrentaba era el extendido anticomunismo, que no estaba situado en las cabezas de los terratenientes y capitalistas, solamente. Eran las personas más pobres y las desposeídas las que sostenían el anticomunismo, precisamente, las que no tenían nada que perder. Eran las que engrosaban las patrullas cantonales, que era una red territorial y a nivel nacional que abarcaba toda el área rural del país, dedicada completamente al espionaje de toda persona que pensara o expresara la más mínima idea en contra del ejército, la policía o la oligarquía. Estos eran los más pobres de los pobres, y para estos, los estudiantes éramos peligrosos, sobre todo aquellos que eran conocidos como los más dedicados al estudio, porque, decían, que éstos tienen ideas raras, que hallan en libros raros y prohibidos. Esto significaba que toda literatura circulaba ilegal y clandestinamente, pero circulaba. De todas maneras, este tejido ideológico y policial empezó a ser quebrantado. En ocasiones, pequeños grupos de jóvenes se reunían simplemente para escuchar un discurso de Fidel en la radio y posteriormente comentarlo. En otras ocasiones, el círculo de jóvenes funcionaba para leer y comentar una novela como La Madre, de Máximo Gorki, o, El Mundo es Ancho y Ajeno, de Ciro Alegría. En otras ocasiones, se trataba de pequeños grupos que se reunían para analizar la situación política de ese momento. Estos eran círculos que, pese a ser pequeños, eran más amplios que los del Partido Comunista, que se movían con mayor clandestinidad, pero con efectividad.

En esos años sesenta, las cosas del país empezaron a movilizarse y a caldearse. Era el gobierno del Cnel. José María Lemus, que se había establecido con la influencia del Cnel. Oscar Osorio. Lemus invadió la Universidad de El Salvador (UES), arrestó y golpeó al rector de ese momento, Napoleón Rodríguez Ruiz, y desató una feroz represión a nivel nacional. En octubre de ese año sesenta, Lemus fue derrocado por un golpe de Estado, del que emergió una Junta de Gobierno cívico militar, integrada por el Dr. Fabio Castillo Figueroa, el Dr. René Fortín Magaña y el Dr. Ricardo Falla Cáceres, y los coroneles César Yánez Urías, Miguel Ángel Castillo y el Mayor Rubén Alonso Rosales. Este gobierno oxigenó la vida política del país y se sintió en el territorio un ambiente de democracia y de esperanza, se liberaron los reos políticos, se apoyó a la UES, cesó la represión y se inició el establecimiento de relaciones con todos los países, los sindicatos se movilizaron y el ambiente político, en general, mejoró; hasta enero de 1961, cuando otro golpe de Estado terminó con este momento de descanso y de movilización.

Llega el Directorio Cívico Militar y, entre los golpistas, estaba el Cnel. Julio Adalberto Rivera, que sería después, candidato a presidente por el Partido de Conciliación Nacional (PCN), que había sido creado por este directorio para que funcionara como el partido de los militares.

En 1962, Julio Rivera es el presidente del país. La vida política de Chalchuapa es movilizada por todos estos acontecimientos. Hay que recordar que el Dr. Fabio Castillo es elegido como rector de la UES e inicia la reforma universitaria que significó la democratización de la enseñanza universitaria en el país. Este proceso impactó la vida social más allá de las paredes de las aulas de la UES y, entre otras cosas, la editorial universitaria hizo ediciones repetidas de las obras de los clásicos del Marxismo, de tal manera que el pensamiento de Marx, de Engels, de Lenin, pudieron circular ampliamente. El Capital, la obra cumbre de Marx empezó a circular y a iluminar el cerebro de miles de jóvenes.

Esta literatura circulaba en Chalchuapa, con cuidados y reservas, pero empezó a ser leído en los círculos de estudio que crecieron, fortaleciendo su reflexión, su conocimiento y su acción.

Las células del Partido Comunista empezaron a crecer con una militancia preponderantemente campesina y gente de la ciudad, que eran artesanos, y en algunos casos, se trataba de miembros de las patrullas, vigilantes nocturnos y más de algún comerciante.

San Salvador, 06 de febrero del 2021

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