Dagoberto Gutiérrez

La palabra crisis es extraña porque el mismo tiempo que produce sobresalto y temor en unos, produce alegría y confianza en otros, que, en ocasiones, son los que las producen para resolverlas en su beneficio. Esta palabra espesa viene del griego crinar, que consistía en someter los granos a la acción del viento para que éste quitara las hojas, los insectos, la semilla mala, y dejara el mejor grano para el alimento y otras cosas. Es decir, que la palabra significaba una especie de oportunidad para mejorar. Sin embargo, con el curso de los siglos, los pueblos son sometidos a crisis permanentes, mientras las minorías poderosas suelen salir fortalecidas de esos momentos calificados como crisis.

Así las cosas, se habla de crisis social cuando el pueblo no tiene trabajo, o tiene salarios de hambre, cuando el campesino no tiene tierras para trabajar y el terrateniente lo explota de manera inclemente, cuando el pueblo tiene problemas para vestirse o calzarse dignamente, tomar agua potable o comprar medicina, en fin, cuando la existencia de esta parte mayoritaria de la sociedad humana, que se llama pueblo, es abundantemente precaria.

Luego tenemos la crisis económica que, en una economía capitalista como la de nuestro país, aparece cuando la economía de los banqueros, de los industriales, de los grandes comerciantes sufre perdidas o deja de obtener las ganancias que siempre han obtenido. Solo entonces, hablamos en propiedad de una crisis económica.

En una sociedad puede abundar la crisis social, pero esto no significa que haya crisis económica, e igualmente, las utilidades de los grandes propietarios pueden llegar hasta el cielo, en medio de la mayor pobreza de las masas populares. Esta afirmación la podemos comprobar muy bien en la situación actual de nuestro país, en donde la inmensa mayoría ha sufrido el quiebre de su vida, su economía, su salud y su calidad de vida, pero esto no significa que la minoría poderosa también haya disminuido sus utilidades y ganancias; al contrario, para varios sectores como los banqueros, las grandes industrias o el capital financiero, este es el mejor momento para hacer negocios y para explotar sin límites a sus trabajadores, porque es un momento de creciente vulnerabilidad social de los seres humanos.

En cuanto a la crisis política, hemos de decir que es aquella en donde se produce un desencuentro entre las reglas del juego y el juego que se juega con esas reglas. Llamamos juego al conjunto de condiciones económicas, políticas, ideológicas, culturales, internas y externas, y hasta militares, que conforman y delinean la sociedad en un determinado país. Ese juego establece los poderes y los intereses dominantes, así como los jugadores, dueños del juego, y los otros jugadores que juegan un juego sin saber que lo están jugando y sin saber siquiera que son jugadores de un juego cuyas reglas desconocen. En estas sociedades, como la de nuestro país, resulta que todos somos jugadores, pero no siempre lo sabemos, porque nos han dicho que somos ciudadanos o que somos personas, o que tenemos derechos, o que somos dueños de la soberanía, pero en realidad, resulta que somos simples jugadores cuyas reglas nos controlan.

Estas reglas son las contenidas en la Constitución y las leyes y, formalmente, se establecen y acuerdan para regular el juego de la sociedad, la que también, formalmente, debe someterse a estas reglas.

El sentido formal de las reglas jurídicas significa que éstas no se enfrentan a la realidad y tampoco son perturbadas cuando lo que establecen en las normas no tiene nada que ver con lo que ocurre en la realidad, porque el derecho es un fenómeno formal que no pierde validez cuando sus disposiciones son ignoradas o violadas.

En esta relación,  cuando termina la guerra popular en nuestro país, hace más de 30 años, la oligarquía y la insurgencia negociaron que el régimen político que sustentara al sistema debía constituirse  con el sistema de partidos políticos y así, los partidos ARENA y FMLN funcionarían como la viga maestra del sistema, distribuyéndose el usufructo de los distintos aparatos e instituciones del gobierno, convocando periódicamente al pueblo para votar, legitimando y reconociendo a los partidos como sus representantes legítimos dentro del gobierno. O, como dice la Constitución, “los únicos representantes del pueblo dentro del gobierno”. Esta forma fue exitosa durante más de 30 años, incluso en medio de la mayor corrupción e incapacidad de los partidos para mejorar las condiciones de vida de los seres humanos. Muy por el contrario, estos partidos adoptaron el neoliberalismo como su biblia económica, política, social, cultural, y en todos los órdenes. Y año tras año se hundía la vida humana, más y más, en las peores condiciones; mientras la economía de las minorías tocaba las estrellas.

Este proceso parecía no tener final y el régimen también parecía intocable, pero en las entrañas de la sociedad se producía el fenómeno complejo del odio social hacia una minoría de privilegiados y de oportunistas que hacían su fortuna del usufructo de los aparatos públicos.

Se produjeron casi al hilo 3 acontecimientos que estremecieron a las amplias mayorías anónimas del país: el primero fue la captura y la confesión del expresidente de ARENA, Francisco Flores, luego vino la captura del expresidente Tony Saca, y por ultimo la fuga precipitada del expresidente del FMLN, Mauricio Funes. En la historia del país nunca se habían conocido confesiones completas sobre los métodos de la corrupción en el gobierno, sobre sus ventajas y el uso fraudulento de las instituciones, y sin duda alguna, las mayorías que elección tras elección daban el voto a estos partidos, y aquellas mayorías anónimas que no expresaban interés en la política o interés en la cosa pública, se pusieron en pie  y se movilizaron con dos o tres objetivos en su cabeza, pero uno de ellos era, sin falta, el de terminar   con el sistema de partidos políticos. Y esta decisión, ha dado al traste con el régimen político que, como sabemos, está basado, precisamente, en estos partidos políticos que son rechazados por la población.

Siendo esto así, está conformada con bastante claridad la crisis politica porque las reglas del juego establecidas ya no garantizan el juego que se juega, y por eso las normas jurídicas de las leyes y de la misma Constitución, han dejado de funcionar. Se ha quebrado la colaboración que establece la Constitución entre los diferentes poderes.

Este escenario significa que el sistema ha perdido su sustento, como cuando un edificio pierde los andamiajes. Eso es justamente lo que ocurre en la actual coyuntura en el país.

El sistema, controlado y usufructuado por las minorías opulentas, solo parecen sustentarse en las Fuerzas Armadas, en la PNC y en el control ideológico, ya debilitado, sobre el pueblo.

En este escenario, sin que haya crisis económica, hay, sin embargo, crisis social de larga duración, y crisis política, la que será resuelta en los próximos meses.

Las próximas elecciones de febrero 2021 no parecen ser la base segura de una solución política. Mientras tanto, el pueblo necesita despertar y movilizarse para trabajar las reivindicaciones que muevan sus luchas. Esta es, sin duda, la tarea más importante de los próximos tiempos.

San Salvador, 02 de noviembre del 2020.

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