Mauricio Manzano

El Salvador está cruzando por una situación de crisis compleja. En primer lugar, se está luchando contra el brote de la pandemia provocada por el Corona Virus, que se mueve como un tsunami que amenaza con desgarrar las instituciones de la sociedad y a las personas más vulnerables. En segundo lugar, el país se vio afectado por las tormentas tropicales Amanda-Cristóbal que causaron lluvias intensas durante siete días, dejando daños millonarios en la infraestructura y causando la muerte de más 30 personas. Por último, estas dos tragedias han encontrado terreno fértil en nuestra sociedad que les posibilita desplegar todas sus fuerzas, es decir, ha encontrado una sociedad altamente polarizada, derivada de una crisis política entre los órganos del Estado, cuya pugna es más evidente entre los órganos Legislativo y Ejecutivo. Esta división política y social ha servido como una barrera que impide tomar decisiones consensuadas para afrontar las crisis naturales. 

Por tanto, la unidad para superar la crisis es ineludible. Sólo unidos como nación podemos superar la crisis de la Pandemia del COVID-19 y los daños millonarios causados por las tormentas tropicales Amanda-Cristóbal, sólo unidos se puede dar una respuesta multidimensional y coordinada a escala nacional para despuntar en estas crisis complejas.

  • Crisis por el Impacto de la pandemia 

El Corona virus apareció a finales del 2019 en China. Consecutivamente, fue declarado pandemia y se extendió de forma vertiginosa por Europa llegando a América Latina. En El Salvador, el primer caso detectado de COVID-19 se anunció el 18 de marzo de 2020. Y hasta el 26 de junio de 2020, según datos del Ministerio de Salud, se contabilizan 5,517 casos confirmados de contagios, 133 personas fallecidas, y la tendencia se acrecienta, ya que se habla de otro régimen de excepción. 

En el ramo de la economía, la pandemia ha causado un fuerte impacto negativo en el crecimiento y el empleo.  Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), a nivel mundial, el impacto económico del COVID-19 será mayor al de la Gran Recesión del 2008-09, y su magnitud se compara con la Gran Depresión de 1930. El FMI afirma que se prevé la caída del PIB mundial hasta un -3%.  (FMI, 2020). En El Salvador, según la Fundación para el Desarrollo de Centroamérica (FUDECEN), los efectos de la pandemia se manifiestan en una caída en la actividad económica (-7.2%) y pérdidas de empleo formal e informal. Las previsiones para el resto del año son de incertidumbre, se prevé que la economía salvadoreña entra en barrena con un descenso de -13.7%, en el segundo trimestre, confirmándose la recesión con  sendas caídas de la actividad económica: -9.4% y  -5.9%, en el tercer y cuarto trimestre (FUDECEN, 2020).

Por su parte, la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES), en su informe económico del mes de mayo del 2020, afirma que, entre marzo y abril del 2020, se han perdido 64 mil empleos del sector formal y, entre las actividades formales e informales, alrededor de 226 mil trabajadores podrían haber perdido su empleo al mes de abril, lo cual significa el 7.5% del PEA total. Esta cifra supera la tasa de desempleo nacional (FUSADES, 2020). Se estima un aumento de la pobreza hasta del 50%.

Por otra parte, la deuda pública es un arma cargada apuntando al país. En agosto de 2019, el Banco Central de Reserva (BCR) informaba que, en agosto, el país había alcanzado una deuda pública total de $20,311 millones. Si a esta cifra se le suman los préstamos de fin de año y los más de 3 mil millones que han aprobado durante la pandemia, la deuda se eleva hasta un 24. 5 mil millones. Esto, para algunos economistas, representa hasta el 90% del PIB. Es decir, que de cada 100 dólares que se produzcan, 90 serán para pagar la deuda pública.

Como se puede apreciar, la situación es difícil, sobre todo para los sectores más vulnerables de la sociedad. Urge desarrollar medidas de política pública consensuadas que protejan la salud de la población, pero a su vez, cubran un ingreso mínimo vital para las necesidades de la población que se agravaron con las tormentas tropicales Amanda-Cristóbal.

  • Crisis provocadas por las tormentas tropicales Amanda-Cristóbal

La pandemia nos ha provocado una crisis social, económica y existencial. A estas crisis se le sumaron las provocadas por las tormentas tropicales Amanda y Cristóbal que vino a empeorar la situación de incertidumbre.

Ese fenómeno meteorológico afecto a todo el territorio salvadoreño y en varios lugares provocó inundaciones, derrumbes, cierre de carreteras, puentes colapsados, cárcavas y personas fallecidas. Miles de personas tuvieron que ser evacuadas, cultivos inundados, personas arrastradas por las corrientes de aguas y otras soterradas. Los daños económicos y humanos son indiscutibles.

Informes preliminares del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), a través  de la División de Estadísticas Agropecuarias de la Dirección General de Economía Agropecuaria (DGEA), hacen un recuento de los daños causados, los cuales suman, en su totalidad,  más de 80 millones de dólares de pérdidas en la agricultura, apicultura y ganadería. Además, afecto la infraestructura del país, puentes deteriorados, carreteras destruidas, cárcavas, y la muerte de más de 30 personas provocadas por derrumbes e inundaciones. 

Sin duda, estas pérdidas en la agricultura, ganadería y en la infraestructura del país, han tenido y tendrán un impacto económico en la población campesina que había sido poco golpeada por el virus, y a la vez, tendrá un impacto económico en la alimentación de la población, aumentado la crisis asfixiante que vive la población.

  • Unidad política para afrontar las crisis generadas por la pandemia y las tormentas

Las secuelas provocadas por la pandemia y las tormentas tropicales se han derivado, además, en una crisis política y social como nación. Esta polarización política se ha convertido en un peligro inminente para los principios democráticos, para los derechos de los ciudadanos, para el desarrollo social y nos vuelve más vulnerables frente a las tragedias naturales que estamos afrontando. Lamentablemente, los actores políticos de nuestro país aumentan la inseguridad e incertidumbre a las ya existentes. Por esta razón, urge un diálogo político claro para resolver los desacuerdos y afrontar unidos las tragedias de la pandemia y los daños causados por las recientes tormentas que azotaron el país.

Algunos elementos que debe tener a la base este diálogo político en nuestro país:

Centralidad de la persona humana. No hay que olvidar que la política es servicio, la esencia del acto político es la asistencia a la persona humana. Esto significa, despojarse de intereses personales, sectoriales y enfocar todas las acciones y operaciones en crear políticas públicas que den respuestas positivas a las demandas de la población, especialmente, las peticiones de las clases más vulnerables de la sociedad que están siendo golpeadas por estas crisis pandémicas.

En segundo lugar, los políticos deben priorizar la defensa del bien común. Es decir, el conjunto de intereses propios de la colectividad, estos intereses están por encima de los beneficios particulares, grupales o de clases. Es necesario poner a funcionar todas las instituciones estatales de manera que beneficien a toda la población. Es urgente un desarrollo social justo, que proporcione a cada uno lo que necesita para una vida realmente digna. El interés individual no puede menoscabar o debilitar la perspectiva del bien común. Una política que vaya en detrimento del bien común es contraria a la democracia representativa y al humanismo que defiende nuestra Constitución.

En tercer lugar, los sectores de poder, configurados de otra manera, a partir de las elecciones del 2019, tienen que aprender a negociar entre sí y en favor de todo el país, no solo para determinados grupos de interés. La actualidad exige un proyecto de nación que aborde la situación crítica de salud, económica y social que estamos afrontando. Para ello es necesario que las políticas se desarmen de sus intereses partidarios y electorales y antepongan el bien común. Trabajar por el bien común no demanda unicidad en el modo de pensar, sino en el objetivo que nos une. Urge un plan de nación que trace objetivos de desarrollo y trabaje en pos de esos fines.

Por último, es necesaria una narrativa de la concordia. Los políticos tienen que construir los discursos con palabras y frases no descalificadoras, ofensivas o ambiguas cuando nos referimos a los que no piensan igual o a los adversarios políticos, religiosos etc. Es necesario prescindir de frases imprecisas que conduzcan a la confusión o la convulsión. Necesitamos cambiar el discurso guerrerista por una narrativa de paz que minimice la polarización que está haciendo mucho daño a la nación.

En fin, la coyuntura actual exige que todos los sectores de la sociedad estén unidos en objetivos consensuados para proteger la vida de la población que hoy está más amenazada que nunca.

Conclusiones

La crisis en la post pandemia puede ser más desastrosa que la vivida hasta ahora: La economía puede entrar en recesión, debido a la paralización del mercado, y derivar en desempleo formal e informal.  Para afrontar la crisis del desempleo es necesario adelantarnos con políticas públicas que contraigan su impacto negativo en la población, de no ser así, los estallidos sociales pueden activarse.

Urge un proyecto de nación que refunda a la sociedad. Es urgente un plan que siente las bases de un desarrollo de país en todos sus rubros, especialmente la apuesta por una innovación en el área agrícola y los sectores productivos. Para refundar la sociedad es necesario reformar la Constitución de la República y adaptarla a los nuevos tiempos, de tal manera que fortalezca su espíritu humanista y determine los límites de los poderes del Estado.

Es necesario un cambio de actitud, para ello se requiere un diálogo sincero, que tenga en el centro a la persona humana, la tolerancia y el bien común, para crecer en armonía, aún en la diversidad, y que ponga en el centro los intereses de la nación. El conflicto entre los políticos no sólo está enviciando la razón propia, también están arrojando a los ciudadanos a un círculo de odio, y la imagen internacional sigue en deterioro. Solo unidos podremos superar la crisis actual y la que se vislumbra.

Referencias bibliográficas 

  • Coronavirus, El mapa mundial del coronavirus. Disponible en: https://www.rtve.es/noticias/20200612/mapa-mundial-del-coronavirus/1998143.shtml
  • Fundación para el Desarrollo de Centroamérica (FUDECEN). Disponible en: https://www.fudecen.org/
  • La Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social, Informe de coyuntura, mayo 20202. Disponible: http://fusades.org/
  • informes preliminares de Ministerio de Agricultura y Ganadería. Disponible en: http://www.mag.gob.sv/informe-preliminar-danos-por-tormenta-tropical-amanda-en-agricultura/

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