lunes , mayo 23 2022

Contra tu machismo alzo mi voz

Por Perla Aguilera, periodista de VOCES


¿Me ves o me miras? ¿Me oyes o me escuchas? ¿Qué pasa por tu mente cuando resuenan las palabras de mi voz en tu cabeza? Hola. Soy yo. Aquella que tiene miedo de hablar porque la puedes atacar. Aquella que le dijeron que se siente como señorita para que se dé a respetar. Soy la que teme compartir un tweet por “prudencia”; por miedo a ser atacada. Soy la que no se atreve a ponerse un labial rojo para no verse provocativa. Soy la que no se pone una falda, vestido o short para que no me irrespeten, porque si lo hacen sería mi culpa, ¿no?

Nací mujer en El Salvador, y ese es mi pecado. Es mi castigo en una sociedad machista hasta sus entrañas. Me hace vulnerable e impotente ante ti. Nací en una cultura rota y baja en valores; cultura insensible, cultura que voluntariamente se pone la venda en los ojos, llena de ruido que sofoca, llena de imposición y dolor. ¿Quién soy? Soy tu, soy ella; soy mujer.

De pequeña me dijeron que con niños no me podía juntar por que me podían hacer algo, por que los niños hacen cosas impulsivas y sin pensar. Me dijeron que no podía salir sola. “Alguien te puede hacer daño”, me decían una y otra vez. Obedecí al entender su temor. Me estaban protegiendo.

Quedarme encerrada como canario en jaula me salvó momentáneamente de ti. ¿No me atrapaste? ¿Quién fue tu primera víctima?

Creo que yo tuve suerte; nadie me tocó, nadie me abusó. Me mantuve en la burbuja de inocencia, pero ¿quién cuidó de mi amiga del parque? ¿Quién defendió a mi compañera del colegio cuando gritaba por ayuda cuando estaba sola en casa con su abuelo?

Llegué a la adolescencia, ¿ya pasó el susto? Mi primer amor finalmente llegó. “Mamá, ¿qué es sexo?”, pregunté; sin respuesta, el silencio me dejó pensando que a lo mejor soy perversa o más bien engañada quedé. Como mujeres siempre tenemos la incógnita, y si lo hago con mi novio ¿qué de malo ha de tener? Puede pasar sin consecuencias, pero ¿qué de mi mejor amiga que ahora a sus 13 años será madre soltera? Su mamá tampoco dijo nada. Ahora es objeto de burla y critica ¿será que solo de ella fue la culpa? 

Veo en la televisión. ¿Qué es feminicidio? Probablemente cosas de adultos. Nada me pasará a mí, todavía tengo una vida por delante ¿no? El estruendo de horror que sale de la televisión transmitiendo la noticia de una madre con la foto de una chica de mi edad se mete en mi piel y estremece mi cuerpo. Es su hija encontrada muerta después de buscarla durante cuatro meses. ¿Qué hizo la policía? ¿Por qué no la encontraron antes? ¿Por qué no impidieron que se la llevaran? Mi madre me envuelve en un abrazo como si tratara de evitar que la maldad de la realidad entre por mis ojos.

Es tarde. ¿Es esta mi realidad? Si encuentran su cuerpo, ¿la culparán sin antes conocer su historia? Ella no quería morir. Ninguna quiere. ¿Por qué le hiciste eso? Como ladrón te llevaste su sonrisa, aniquilaste su inocencia, sucumbiste su futuro, ¿para qué? ¿Quién te dio el derecho?

Los tiempos cambiaron. Estoy en la comodidad de mi casa con mi piel dorada y ojos irritados después de un día en la playa que pasé con mi familia. Tantas redes sociales. Tanto por compartir. Tanta felicidad vivida por mostrar. ¿Subimos una foto? ¿Traje de baño? No puedo. Resuena en mi cabeza el sollozar de mi prima, tu novia. Aquella que prometiste amar y cuidar; con una captura de pantalla a Instagram, mandaste su fotografía llena de inocencia para presumirla con tus amigos. Te llenaba de orgullo que se masturbaran con su foto para llenar tu ego al saber que la tenías como propiedad. No somos tu propiedad.

Soy una joven adulta. Puedo luchar contra ti y tu odio ahora desde el periodismo. Me enfrento a ti con la voz que tratas de arrancarme mientras pones las manos sobre mi cuello tratando de llevarte mi fuerza. Salgo a marchar por mis derechos. ¿Tratas de detenerme? El furor al ver las injusticias de mi cultura me arrastra a la calle y liberan mi enojo. No estoy sola. Somos muchas. ¿No te gusta nuestro canto de guerra? ¿Qué estás mirando? No mires mi cuerpo o cómo ando vestida. Mira los rostros y palabras talladas con dolor en nuestras pancartas. Nos enseñaron a tener miedo, y ahora tenemos miedo de nuestra propia voz y potencial, pero esto tiene que cambiar.

Gritamos de dolor por aquella que se atrevió a decirte no. ¿No te gustó? ¿Qué hiciste? La amordazaste y como animal después de someter a su presa, la violaste. ¿Qué pasó por tu mente cuando te rogó por su vida, pidiéndote que la dejaras ir? Te creíste un dios disfrutando tu poder y tu fuerza. Y en un chasquido, la mataste ¿La dejarás en la calle como objeto que no vale nada?

¿Qué harás ahora? Irás a casa con tu familia, ¿o eres el que se pone saco y corbata, que se sienta a dictaminar mi sentencia después de abortar aquel feto que dejó mi tío dentro de mí como herencia condenándome como si no fuera mi derecho?

¿Me ves o me miras? ¿Me oyes o me escuchas? Soy aquella a la que viste con desprecio después de golpearla en la cara por que te creíste más. Soy esa que estaba en la foto desnuda que te mandé en confianza y que se suicidó por vergüenza cuando la viralizaste en redes sociales. Soy aquella a la que violaste y la dejaste tirada en aquel callejón; la que llevó a una madre a llorar todas las noches en una habitación vacía, en la que ya no estoy.

¿Me ves o me miras? ¿Me oyes o me escuchas? Soy esa mancha de sangre en la calle y pared. Ese expediente que tienes archivado junto con los otros donde están mujeres como yo. Yo no quería. Yo luché. Sepan que hasta mi último aliento no me rendí. Para ti soy solo un número en esos 132 feminicidios que viste en una publicación de ORMUSA en el 2021. ¿Qué soy para ti? ¿Una estadística? Para muchos yo era hija, amiga, compañera; yo era mujer. Ahora solo soy el motivo de dolor de las pancartas. La imagen que ven en los foros y ruedas de prensa de las organizaciones que luchan para que no hayan más casos, para que ni una mujer más muera por culpa tuya.

Tú fuiste quien me llenó de miedo, quien me puso una etiqueta y quien me contaminó con estereotipos. Quien desvió la atención de mi clamor cuando desgarré mi garganta por ayuda. Que me desacreditó cuando demandé a mi agresor y me tildó de ridícula y exagerada. Tu acción me secó la vida, pero nunca te llevaste mi voz.

Mujeres, somos la voz de las que ya no estan.  Somos la esperanza de las que seguimos luchando. En una cultura de violencia que solo sabe derramar lágrimas y sangre llevamos la antorcha de ese cambio radical que El Salvador necesita. Sigamos adelante. No desfallezcamos. Sean voz y la voz de las que ya no están.

Me dirijo nuevamente a ti. ¿Ahora me miras? ¿Ahora me escuchas?


Nota editorial: Este texto es producto de las alarmantes estadísticas de violencia contra las mujeres que año con años reportan organizaciones que luchan por la defensa y la vida de ellas. Perla Aguilera es una joven periodista salvadoreña, amante de la literatura, que en esta publicación evoca hechos reales sucedidos a mujeres salvadoreñas y del mundo, los cuales han impactado en su vida y su ejercicio profesional. Ahora alza su voz contra la cultura machista que tanto daño hace a nuestras sociedades.  

*Ilustración de Vanessa Lovegrove, tomada de internet.

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