sábado , abril 13 2024
De izquierda a derecha: Andrés Espinoza, Dagoberto Gutiérrez y Paulino Espinoza. Foto por: Rodrigo Sura

“Dagoberto querido”, una carta desde las memorias y el corazón por Paulino Espinoza

Dagoberto Gutiérrez, nacido en tierra salvadoreña en la década de los cuarenta, ha sido uno de los pensadores políticos más reconocidos del país del siglo XXI. Durante su juventud participó en la guerrilla. Conocido entonces como “Logan”, integró al Partido Comunista Salvadoreño (PCS), una de las facciones fundadoras del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). También participó en la firma de los acuerdos de paz de 1992.

A continuación, presentamos una carta escrita por Paulino Espinoza Carías, licenciado en Filosofía y fundador del grupo Yolocamba I Ta, dirigida hacia Gutiérrez. Fuentes periodísticas informaron que a finales del año pasado Dagoberto sufrió un quebrantamiento grave de salud. Frente a este escenario, Espinoza le dedica unas palabras a uno de los personajes más conocidos de la palestra pública salvadoreña. Una persona a quien Paulino se dirige de “usted”, pero que con un gran cariño recuerda todos los momentos que han vivido juntos desde los años setenta, época marcada por el surgimiento y establecimiento de distintos movimientos sociales importantes de El Salvador.

Dagoberto querido:

Le escribo esta carta porque, aunque ha pasado poco tiempo desde aquel día que nos encontramos por casualidad en aquel restaurante chino, estos últimos meses han sido muy intensos y de mucha reflexión.

Quiero que sepa que, para mí, mi hermano Andrés, mi hermana Yolanda y nuestras familias fue de gran impacto saber el daño que usted había sufrido en su salud de manera tan repentina. Creo que usted bien sabe el cariño inmenso que le tenemos, la admiración y, sobre todo, el agradecimiento por la amistad y el amor que usted y sus compañeros de aquellos años de estudiante, siempre manifestaron a nuestra madre, Eva Carías, a quien usted siempre llamó así: “madre”, como aquel famoso libro de Gorki.

Le escribo principalmente porque sabemos que sigue recuperándose de sus dolencias y quiero que sepa que no hay semana, ni encuentro familiar en que usted no salga a relucir, tanto por sus aventuras allá en la colonia Centroamericana, que quedaba casi que en la puerta de la Facultad de Derecho (Jurisprudencia y Ciencias Sociales) de la Universidad de El Salvador, y luego en la casita en la colonia Libertad.

Recuerdo que mi mamá siempre se preguntaba ¿en qué momento usted dormía? Se pasaba todo el día en la universidad, en sus actividades académicas y como dirigente estudiantil. Llegaba a la casa, cenaba y pasaba toda la noche leyendo y leyendo, interminablemente hasta que amanecía. Apenas se duchaba, medio desayunaba y volvía a salir.

También recuerdo perfectamente aquella conferencia que me dio y que duró no menos de cuatro horas, cuando yo le pregunté sobre qué era el fascismo y qué era el marxismo. Yo tendría unos 10 años, pero me cortaba el pelo en la peluquería de la Asociación General de Estudiantes Universitarios Salvadoreños (AGEUS) y escuchaba de todos estos temas. Además, Andrés y yo ya habíamos estado en varias manifestaciones incluyendo una en San Miguel donde fuimos reprimidos por la policía.

Pocos años después usted ganó su primera diputación en la Asamblea Legislativa por la Unión Democrática Nacionalista (UDN), y comentamos con mi mamá que usted no iba a ser “un chivo más” (por aquella época a los diputados no les decían puya botones, sino que les decíamos chivos porque, así como estos cuadrúpedos, ellos solo movían la cabeza asintiendo a cualquier cosa que dijera el presidente del Congreso).

Igual recuerdo que usted siempre saludaba al “oreja” que pusieron en la entrada del pasaje frente a la “Miguel Pinto” para vigilar sus movimientos durante esos años de diputado. El tipo se tapaba la cara con un periódico cuando usted salía del pasaje y usted, haciendo gala de buen humor, siempre le tocaba la espalda y le decía: “¿Qué tal? ¿Siempre trabajando?”

Eran los años de las grandes huelgas de ANDES 21 de junio, y mi mamá y nosotros, siendo unos preadolescentes, ya simpatizábamos con las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí (FPL) y con las organizaciones que después constituirían el glorioso Bloque Popular Revolucionario (BPR).

Sin embargo, nuestra casa siempre estuvo abierta para usted y sus compañeros, con quienes, por cierto, nunca tuvimos ninguna afinidad ideológica, ni política, pero a quienes les guardábamos respeto y cariño y por quienes, incluso, nos jugamos la vida.

A la casa llegaba Schafik Hándal, y siempre, estoy seguro que usted recordará, que se sentaba a la mesa cuando mi mamá ponía el “rimero” de tortillas para el almuerzo, y antes que nosotros pudiéramos darnos cuenta, él ya se había “rempujado” las 12 tortillas que daban por un colón.

También recuerdo especialmente a Don Rafael y a Don Mario Aguiñada. Por cierto, Yolocamba I Ta estuvo cantando, a eso de los inicios de los setenta, en el velorio de Don Rafael Aguiñada, allá en el local de la FUSS -la Federación Unitaria Sindical de El Salvador- cerca del Palacio Nacional, a Manuel Franco, secuestrado del Externado junto a Juan Chacón, Enrique Álvarez y los dirigentes del Frente Democrático Revolucionario (FDR), y a tantos otros que pasaron por esas dos casas.

No recuerdo bien cuándo es que usted llegó como pupilo a mi casa, pero debe haber sido en 1970 cuando por primera vez me encontré con usted, querido Dagoberto, porque fue pasando la guerra con Honduras en julio de 1969.

Me imagino que usted se acuerda de todo esto y de otras historias como, por ejemplo, de las vecinas solteras que todo el mundo decía que habían sido sus novias, pero que usted, como buen caballero, siempre lo negaba diciendo “no, no, Dios me libre con Dios me guarde”, o cuando estuvo escondido en la casa de “Henríquez”, un sargento enfermero de la Guardia Nacional que lo protegió cuando la Policía de Hacienda lo anduvo buscando para matarlo en 1977.

Lo que quiero decir es que hay historia y precisamente por eso, mi hermano Andrés, mi familia y yo le deseamos una pronta mejoría, ojalá podamos, dentro de poco, volver a encontrarnos.

Afectuosamente,

Paulino.

Con edición de: David Ramírez y Diego Hernández*

*En VOCES, un artículo de opinión o escrito está sujeto a una edición para facilitar el entendimiento y asegurar los hechos, entendiéndose esta como corrección de estilo y verificación de datos. Las ideas planteadas son originales de la autora o autor y no se cambian mediante la edición.

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