lunes , febrero 26 2024
Foto: David Argueta Orellana, quien junto a su hijo de seis años de edad caminan de la mano rumbo al lugar donde se encuentra el monumento que recuerda a cientos de víctimas de la masacre de El Mozote; entre ellos su abuela, dos tíos y su hermano Maximiliano de apenas cuatro años/Por David Ramírez

El Mozote: Los pasos que guían a las nuevas generaciones en búsqueda de verdad y justicia


David Argueta Orellana junto a su hijo de seis años de edad caminan de la mano rumbo al lugar donde se encuentra el monumento que recuerda a cientos de víctimas de la masacre de El Mozote, en el departamento de Morazán. Dentro de las personas a quienes les arrebataron la vida en dicho lugar se encontraban su abuela, dos tías y su hermano Maximiliano que tenía apenas cuatro años.


“La memoria debe sobrevivir”, recalca David, quien a sus 36 años de edad no ha olvidado todo lo sucedido durante el conflicto armado y espera que las nuevas generaciones de salvadoreños conozcan esa parte de la historia del país para que haya verdad y justicia.


La masacre de El Mozote se registró entre el 8 y el 13 de diciembre de 1981. Un operativo militar denominado “Operación Yunque y Martillo” fue llevado a cabo por el Batallón de Infantería de Reacción Inmediata (BIRI) Atlacatl, liderado por el coronel Domingo Monterrosa Barrios. Este operativo culminó como uno de los crímenes más grandes reconocidos en toda Latinoamérica. Casi un millar de personas, en su mayoría a niñas y niños de alrededor de seis años en promedio, fueron asesinados.


El Mozote, Los Toriles, La Joya, La Ranchería, Jocote Amarillo, el cantón Cerro Pando y Cerro Ortiz, son los nombres de los lugares que atestiguaron la represión, la tortura, la violación y el asesinato de cientos de civiles.


«Ante un proceso de años de impunidad, ¡Queremos justicia ya!», exigieron familias y víctimas, que el 9 de diciembre de 2023, conmemoraron a sus seres queridos arrebatos por militares salvadoreños en 1981. Ya son 42 años en espera de esa justicia. Según datos de Cristosal desde que inició el proceso de judicial en este caso ya han fallecido más de 100 víctimas, 14 en los últimos dos años, sin acceder a la verdad y justicia.


Entre ellos se encontraba, José Santos Sánchez, agricultor, habitante del caserío La Joya, en Meanguera, Morazán. Sánchez, de 80 años de edad, vistiendo un sombrero beige y su atuendo más formal para honrar a sus más de 24 seres queridos a quienes le asesinaron durante la masacre de El Mozote, comparte cómo logró sobrevivir.


“El día que iba empezar la masacre, yo me salí con mi familia de la casa. Solo dos niños que han sobrevivido son los que tengo. Mi esposa se volvió con los otros niños a la casa y sus hermanos también. No quisieron ya irse a esconder. Así fue como fallaron. Se quedaron y yo me fui con los otros dos niños y es por eso por lo que estoy acá”, relató.


En el rostro de Santos se refleja unas atenuadas arrugas marcadas por la edad, el trabajo bajo el sol y el dolor de haber perdido a su esposa, hijos, abuela, tías, sobrinos y otros familiares. Con una mirada fija, él recuerda la crueldad de este crimen de lesa humanidad. “Las autoridades superiores no agilizan nada. Llevan esto como una cosa que no les interesa. Ya lleva muchos años y no adelantan nada sobre esta barbarie cometida en contra de niños, mujeres y viejitos que mataron”, dijo.


El caso procesal de este crimen inició desde 1990, cuando un sobreviviente, acompañado por la Oficina de Tutela Legal del Arzobispado presentó la primera denuncia ante el Juzgado de Primera Instancia de San Francisco Gotera, ahora Juzgado de Instrucción. “Que se haga justicia. Eso es lo que esperamos porque ya la mayoría que eran de avanzada edad… muchos ya se fueron y no lograron ver esa justicia y a la edad mía todavía la vamos buscando, pero no se ve nada claro”, agregó Santos.


Por este caso, el Estado salvadoreño fue condenado en 2012 por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH), uno de los más importantes tribunales de protección de derechos humanos en la región, y la que indicó que se violó los derechos de la vida, la integridad personal, entre otros.


“El caso de El Mozote y lugares aledaños es uno de los casos del conflicto armado con el mayor nivel de prueba de todos en el país y pese a esto no se ha elevado a la etapa final”, señaló David Morales, exprocurador de Derechos Humanos y actual jefe de Justicia Transicional de Cristosal.


Para Leonel Claros, presidente de la Asociación Promotora de Derechos Humanos (APDHEM), los 42 años transcurrido desde la masacre ha significado para todas las víctimas procesos de valentía y resistencia frente a la impunidad. “Estamos aquí, no estamos muertos. Estamos más vivos para decirle a la sociedad que las víctimas de El Mozote seguimos pidiendo justicia y que todas las personas que murieron en este camino están esperando esa justicia en este lugar donde hubo tanta sangre derramada de personas inocentes”, comentó.


“Somos víctimas de la masacre”, expresó María Vicente, habitante del caserío La Laguna, a quién le arrebataron a primos, tíos y otros seres queridos. Como Santos, Claros y otros, María, de 74 años de edad, exigió “verdad, justicia, reparación, garantías de no repetición y la preservación de la memoria histórica”.

Con edición de Morena Villalobos

About David Ramírez

Periodista de VOCES

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