Armando Briñis Zambrano

Afganistán y el fin de la hegemonía estadounidense

Armando Briñis Zambrano*

El 31 de agosto de este año 2021 será recordado por la historia como el día del fin de la hegemonía estadounidense a nivel planetario. La partida del último avión C-17 de la pista del aeropuerto de Kabul, capital de Afganistán, puso fin a 20 años de ocupación militar de Estados Unidos y en menor medida de sus aliados de la OTAN, todavía de coletilla de las aventuras militares del otrora coloso del norte.

El movimiento insurgente Talibán, considerado terrorista por Occidente e incluso por Rusia, en rápida ofensiva ocupó la mayoría de las provincias del país y puso en fuga a un desmoronado ejército afgano, armado y entrenado por asesores estadounidenses, mercenarios contratados y otra estela de contratistas occidentales que posiblemente, o nunca creyeron que se retirarían de un país ocupado por 20 años, o sabían que una retirada de los contingentes militares de Estados Unidos sería la consumación de una derrota anunciada.

Los talibanes, movimiento nacido en las escuelas coránicas afganas en los años de la ocupación soviética de finales de los años 80; pero a la vez, convertidos en “luchadores por la libertad”, armados y entenados por el gobierno estadounidense de turno (Ronald Reagan), habían tomado el poder en el año 1996 y negados a entregar a Osama Bin Laden, luego de los atentados terroristas contra las Torres Gemelas de New York, habían sido expulsados del mando en el 2001, luego de intensos bombardeos de la fuerza aérea de Estados Unidos y un avance militar encabezado por una coalición de sus opositores internos, especialmente de la región del norte de Afganistán de mayoría uzbeka y tayika (la mayoría de los talibanes y de los propios afganos son de la etnia Pastún).

Derrotados; pero no vencidos, los talibanes se retiraron a los intricados parajes de la accidentada geografía afgana y por 20 largos años, mantuvieron e intensificaron la lucha guerrillera contra los invasores, que controlaban las grandes ciudades, nunca las zonas rurales, mantenidas, mayoritariamente, como territorios del movimiento, sus aliados y jefes tribales no animados a aceptar el poder extranjero. Finalmente, la retirada de los contingentes militares extranjeros (después de la firma por la anterior administración Trump de un acuerdo con los talibanes) los llevó, en unos 15 días, a recuperar la hegemonía y dejar, rodeada; en el aeropuerto de Kabul, a las tropas de Estados Unidos y sus aliados en retirada.

Esta desbandada estadounidense, digan lo que digan los medios de comunicación afines a la administración Biden y los voceros de la propia administración, que incluso la han considerado una especie de ejemplo en un puente aéreo de traslado de amplios contingentes de personal militar y civil, no fue más que una derrota y humillación, muy parecida a la huida de Vietnam del Sur en 1975. Intentar presentar el hecho de otra forma es descabelladamente ridículo y risible. Solo tenemos que esperar las próximas películas hollywoodenses donde se intentará “ganar” en el cine las derrotas evidentes y claras, muestra del declive de los Estados Unidos, el fin de alrededor de 80 años de preponderancia en las relaciones geopolíticas y el nacimiento de una nueva era en las relaciones internacionales con un nuevo formato que se perfila como multilateral; pero que esta por verse.

Veinte años estuvieron las tropas estadounidenses en territorio afgano y veinte años trataron de supuestamente “civilizar” a sus habitantes en los estándares occidentales, en realidad, de imponer sus normas, código moral e incluso de organización política de la sociedad. El resultado: más de 150 mil afganos y casi 3000 estadounidenses muertos, migración voluntaria o forzada de millones de afganos y afganas, además de una economía en bancarrota.

Hoy se hacen todavía más celebres las palabras de Eduardo Galeano, cuando un día dijo (parafraseando), que cuando los Estados Unidos intervienen en un país, el resultado es que lo dejan como un cementerio o como un manicomio.

*Director de Investigaciones de la Universidad Luterana Salvadoreña. Editor de Voces Diario Digital

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