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Fidel: eterno en la victoria del bien y el humanismo

Fidel lideró y lidera todo el tenaz esfuerzo por hacer realidad la aspiración de Martí: “Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.

Por Raimundo López Medina*

Han pasado seis años desde aquel viernes 25 de noviembre de 2016, el día triste que enlutó a la nación cubana y a todos los hombres justos y libres del planeta, y la figura de Fidel se agiganta a diario y su legado es cada minuto más útil para el progreso y bien de la humanidad.

Sucede como dijo Martí: la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida, y la obra de amor de Fidel en bien de nuestro pueblo y de la humanidad es inmensa y ejemplar.

Es transformar y modernizar un país, hacerlo crecer y mejor en cada una de las actividades humanas, sacarlo del atraso, la pobreza y miseria, del desamparo de los humildes, los vicios y la corrupción que caracterizaron la Cuba pre revolucionaria, construir una nación con una vida digna para todos, libertad y democracia, romper las cadenas que subordinaban la patria al más voraz de los imperios.

Es algo tan hermoso como garantizar la sonrisa de cada niño y la paz y seguridad de los ancianos, la alegría y la oportunidad de todos de alcanzar felicidad, la que cada uno es capaz de ganarse con su esfuerzo y tenacidad, y siempre con la mano solidaria extendida.

Nunca en la historia de nuestra especie se ha hecho tanto en una nación por amor al prójimo, la revolución cubana es, sin dudas, la mayor obra de amor de la historia de la humanidad.

Y todo lo hemos hecho con la guía, el pensamiento y el liderazgo de Fidel, su valentía, audacia, tenacidad y su fe en la justicia de nuestra causa y un optimismo en su victoria que no derrumbó ni la más adversa de las circunstancias.

Además, enfrentando con éxito y valentía la guerra en todos los campos impuesta a nuestra patria por el imperialismo estadounidense, nuestro vecino poderoso y cruel que en más de seis décadas nunca ha dejado de asediarnos, conspirar y financiar todas las formas posibles para llevar el mal a la población cubana, con un odio enfermizo y obstinado que no tiene precedentes en la historia humana.

Sin embargo, en cada obra del bien para el pueblo y la humanidad, en cada victoria sobre el odio del imperio, está la obra y la acción de amor de Fidel. Es el todo que lo une para siempre al destino de nuestra nación y de los seres humanos.

Fidel lideró y lidera todo el tenaz esfuerzo por hacer realidad la aspiración de Martí: “Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.

Esa es una de las frases que sostienen la constitución de la república que los cubanos aprobamos en referendo en 1976 y ratificamos en otro el 24 de febrero de 2019, ese documento inigualable de justicia y democracia hecho, como dice, por NOSOTROS, EL PUEBLO DE CUBA.

El legado de ideas de Fidel es inmenso y desde su inmortalidad continúa guiándonos, como la compañía segura en el camino de la patria, el presente y el futuro.

En ese manantial resalta su confianza inquebrantable en el pueblo, su capacidad de lucha, de resistir y vencer, de triunfar, basado con fe en el pensamiento de Martí: “Lo que un grupo ambiciona, cae. Perdura, lo que un pueblo quiere”.

Hay un vínculo entrañable entre Fidel y el pueblo, una identificación tal que solo puede explicarla el sabio refrán de que amor con amor se paga, una gratitud compartida que nace de las esperanzas realizadas.

El profundo legado de las ideas de Fidel lo podemos ejemplificar con su concepto de Revolución, expuesto en la grandiosa marcha por el día de los trabajadores en la Plaza de la Revolución el 1 de mayo de 2000:

“Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas.

Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo.”

Es la forma más exacta de describir que es y será la Revolución Cubana.

Por supuesto, los enemigos de la felicidad de los cubanos, los agentes de la maldad y el odio, no descansan nunca en sus acciones criminales, pero siempre encontrarán la respuesta digna de millones de cubanos.

Como una de ellas podemos tomar las estrofas de una de las más hermosas canciones de Pablo Milanés, Cuando te encontré:

“Y esto que encontré ya no era desconocido, se hizo la canción que se había perdido. No la perderé ni la mayor riqueza arrancará una concesión a este clamor repartido.

“Y se encontrarán los del machete aguerrido con el último héroe que hasta hoy se ha perdido. TODOS GRITARÁN SERÁ MEJOR HUNDIRNOS EN EL MAR QUE ANTES TRAICIONAR LA GLORIA QUE SE HA VIVIDO”.


Escrito el 25 de noviembre de 2022. El autor es licenciado en Periodismo de la Universiad de La Habana, Cuba, (1976). Como integrante del equipo de Prensa Latina ocupó responsabilidades de editor jefe internacional, editor jefe de editores y vicepresidente de la información, además de corresponsal o enviado especial en númerosos países. En 2010 abrió la corresponsalía de la agencia en El Salvador y un año antes recibió el premio de la prensa escrita de la Unión de Periodistas de Cuba, antes -en 1998- ganó el primer premio del concurso de cuentos Ernest Hemingway. Su más reciente publicación es el libro Comandante Feliciano: una historia de amor y revolución.

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