Por Vladimir Zaldaña

En un mundo globalizado, la era de Platón viviendo en las cuevas aún no termina. Tal cual alegoría de poder salir de un mundo oscuro y con poca visibilidad parece aún sumergir a sociedades enteras bajo el tema del aborto.

La moralidad no es solo un discurso propedéutico de qué y cómo ser o actuar por parte de tus padres, sino se convierte en la brújula mental sobre lo que debes y no debes de hacer en un mundo convulsionado por la ambigüedad y las salidas fáciles.

Hoy es 28 de septiembre. Para algunos solo significa los últimos días de un mes más que nos acerca a la navidad, pero para Latinoamérica implica a colectivos feministas pronunciarse por más de 73 millones de abortos por año, según estadísticas de www.guttmacher.org.

Remitámonos a cifras y seamos abogados del diablo, o la moralidad, que termina siendo contrario a lo que el personaje primero no quisiera. Entre 2015 y 2019 ocurrieron más de 121 millones de embarazos no planeados, de los cuales, el 61% terminó en aborto. De esta cantidad el 40% pertenece a países con ingresos bajos, 66% pertenecen a países de ingresos medios y 43% en países de ingresos altos.

En los últimos 30 años, desde la década de los 90’s, la tasa de embarazos no deseados y aborto se ha reducido. La tasa de embarazo no planeado ha reducido de un 79% hasta un 64%; mientras que la tasa de aborto se redujo de un 40% a un 39%.

En diciembre de 2020 reflejó que, en un mapa mundial de mujeres en edad reproductiva se ven afectadas por los tipos de legislación sobre el aborto, una paridad de toma de decisiones hacia las mujeres. De un 100%, el 5% es totalmente prohibido, 36% es permitido con petición bajo limitaciones, 23% por motivos socioeconómicos, 14% para preservar la salud de la mujer y un 22% para salvar la vida de la mujer; esto según el sitio web https://es.statista.com/ con referencia al tema aborto.

Sin embargo, las cifras solo son números que informan sobre, posiblemente, y desde una visión moralista, la decadencia humana que tenemos donde la culpa recae plenamente en la mujer; pero quiénes tienen la decisión para que esas cifras sean posibles sean los hombres. Volvamos a las cifras y dirijámonos a la región centroamericana.

En Honduras son 128 diputados en su Congreso, de los cuales, para el periodo 2018 – 2022, tan solo 28 mujeres ostentan un curul en dicha Asamblea. Guatemala, tiene 160 diputados, de los cuales 31 son ocupados por mujeres en el parlamento. En nuestro país, de 84 diputados, para esta última legislatura tiene a 23 mujeres ocupando un curul en el Congreso; sin embargo, en Costa Rica, de una Asamblea de 57 personas, 26 son mujeres. Nicaragua no lo he tomado en cuenta porque vive bajo el régimen de un septuagenario que reprime a la sociedad por buscar sus ideales de país.

No podemos pensar en solo cifras cuando la moralidad, las deudas políticas, el bajo número de parlamentarias en cada país y la iglesia se interponen en tomar una decisión tan importante que, solo la mujer y su cuerpo pueden tomar.

Hablemos claro. La falta de educación sexual en nuestros hogares e instituciones de educación, ha limitado los espacios de libertad de expresión en aquellos momentos donde la sicología humana interviene en edades.

La pornografía y la música con mensajes sinuosos está al alcance de las mayorías, ahora hasta con previews de cada video o canción. Todo, absolutamente todo, es ahora influyente en un niño o una niña que se desarrolla, en muchas ocasiones, bajo la enseñanza individual o ajena por motivos de lo acelerado que vive el mundo hoy. Sin embargo, nada más que las separaciones de las leyes con la moralidad nos llevarán a un equilibrio lógico con referencia a este tema.

Si alguien es más hombre por la cantidad de hijos que procrea en el mundo, igual sería la pena carcelaria para aquel que no puede explicar, ni entiende o conoce, los abortos espontáneos; pero también de cantidad proporcional sería la pena carcelaria para toda mujer que, conociendo la información buscó no tener la capacidad de ser madre conscientemente.

Estoy de acuerdo con el aborto, pero bajo causales muy bien definidas: embarazos que presentan riesgos para la vida y salud de las mujeres, embarazos médicamente inviables, embarazos productos de una violación o trata de personas y embarazos productos de una violación a una menor de edad.

Como hombres no tenemos derecho a decidir por las mujeres. Como humanos tenemos derecho a crear o formular leyes ecuánimes, razonables y que contribuyan a la evolución y desarrollo de la humanidad y como iglesia deberían de promover que el embarazo sea de la mujer y las penas para el hombre y no que el hombre sea el embarazado y la condena para la mujer.

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