Armando Briñis Zambrano*

Más allá de los objetivos supuestamente redentores declarados de la colonización española, la consecuencia del desmantelamiento de las culturas autóctonas fue la resignada sumisión del indígena y su integración, siempre degradada, al modelo de civilización occidental. Podríamos decir que España bajó toda una cultura, una cosmovisión que entró en guerra con las culturas locales. No se detuvo, siguió su camino y no le interesó integrar todas las culturas de ese Nuevo Mundo, desconocido y profundo.

Durante la colonia, la estructura de la tenencia de la tierra se fue modificando con el inicio del despojo de los indígenas de sus tierras comunales y la concentración de las mismas en pocas manos, y se originó una nueva forma de producción denominada la hacienda, germen de los grandes latifundios y base económica de la naciente Oligarquía criolla.

Ha inicios del siglo XIX la propiedad de la tierra estaba establecida de la siguiente forma:

. Las tierras realengas o de propiedad exclusiva de la Corona española.

. Las tierras que poseían los indígenas a título de usufructo legítimo, con carácter comunal, en reconocimiento a antiguos derechos anteriores a la conquista.

. Las tierras entregadas en usufructo vitalicio a los encomenderos (y que facilitan posteriormente la propiedad privada sobre la tierra)

. Los llamados “Ejidos” o “tierras de propios”, terrenos adscriptos a los municipios, como parte de la política colonial de agrupar a los indígenas alrededor de los centros urbanos[1].

Como el territorio salvadoreño carecía de riquezas minerales importantes, la agricultura se transformó en la base de las actividades económicas. Entre 1550 y 1600, las dos actividades principales fueron el cultivo del cacao, realizado principalmente en la región de Izalco en el actual departamento de Sonsonate; y la extracción de la resina del árbol de bálsamo en la región costera. En el siglo XVII, la siembra del cacao decayó, y fue sustituido por el cultivo del jiquilite, la planta que sirve de base para la elaboración del colorante del añil. Estos cultivos estuvieron determinados por las necesidades del mercado exterior que impuso la Corona española.

Hacia el siglo XIX aparecieron otras formas de extorsión y de impuestos fiscales. Además del pago de tributo en especie de productos del agro o manufactureros a las autoridades españolas, existió la habilitación. Ésta era un préstamo de dinero que los jornaleros recibían en proporción al valor de las cosechas o el trabajo a realizar. Por otra parte, la Iglesia Católica cobraba diezmos y primicias y el fisco la alcabala.

Durante el período colonial, se produjo un proceso de mestizaje entre indígenas, españoles y en menor porcentaje negros. Para el momento de la independencia, los mestizos “culturales” constituían la mayor parte de la población del territorio.

La sociedad colonial salvadoreña estaba fuertemente segmentada. Por un lado, existía toda una codificación acerca de las relaciones entre los grupos étnicos. Existía el concepto de que la posición que una persona ocupaba en la escala social debía estar de acuerdo con una supuesta mezcla de sangres. Mientras más sangre española, mejor posición, por ello los españoles peninsulares ocupaban las posiciones de privilegio, en especial los puestos más altos del gobierno colonial. Destacando también, que desde el punto de vista político, se asistió a una cada vez más acentuada división entre criollos liberales y criollos conservadores

A la vez las llamadas reformas borbónicas en el Imperio Colonial Español, realizaron una serie de cambios administrativos aplicados por los monarcas españoles de la casa de Borbón a partir del siglo XVIII. Estas reformas que buscaban remodelar tanto la situación interna de la península como sus relaciones con las colonias, trajeron consigo el enfrentamiento a los intereses económicos de la oligarquía criolla, a partir de establecer como prioridades la recuperación de las concesiones otorgadas a Inglaterra, eliminar los canales de contrabando en Sevilla, Cádiz y en las colonias; terminar con los prestanombres andaluces y sevillanos que sirvieron como intermediarios de los intereses extranjeros, fomentar e impulsar las actividades agrícolas y manufactureras en la península, para que los artículos españoles, y no los de los países extranjeros (Inglaterra, Francia y Holanda), construyeran las bases del intercambio comercial en las colonias, así como mejorar y ampliar el sistema de extracción de recursos económicos de las colonias para cubrir la demanda de la metrópoli.

Organización territorial de El Salvador en la colonia.

La Nueva España (1535-1821) era el virreinato español que se extendía desde el Oeste de los Estados Unidos hasta Costa Rica en Centroamérica, teniendo su capital en la Ciudad de México. De este virreinato dependía la Capitanía General de Guatemala (comprendida por los actuales territorios de Guatemala, Costa Rica, El Salvador, Honduras y Nicaragua).

Desde 1532 hasta 1786 el territorio que en el futuro sería El Salvador, estaba dividido de esta forma:

• Alcaldía Mayor de Sonsonate (los actuales departamentos de Sonsonate y Ahuachapán).

• Alcaldía Mayor de San Salvador (con toda la zona central y el Departamento de Santa Ana).

• Alcaldía Mayor de San Miguel (toda la zona oriental).

Desde 1786 hasta 1824, como parte de las reformas borbónicas, se reorganizó el territorio en dos unidades administrativas:

• Alcaldía Mayor de Sonsonate.

• Intendencia de San Salvador (formada por las Alcaldías Mayores de San Salvador y San Miguel).

Marco Conceptual. Conservadurismo y Liberalismo.

La génesis del pensamiento conservador se identifica con la reacción a la Revolución Francesa y la Ilustración por los partidarios del antiguo régimen feudal y el término conservador, viene del latín “conservare”, que significa preservar y se refiere a la corriente política que defiende el estatus quo y lucha por la preservación de las tradiciones e instituciones establecidas. En esa época defendieron la monarquía absoluta como forma insuperable y divina de gobierno.

Se considera al anglo-irlandés Edmundo Burke como el más destacado ideólogo del pensamiento conservador por su crítica al significado universal de la Revolución Francesa. El conservadurismo es, en esencia, contrarrevolucionario, nace como reacción a la Revolución Francesa y desde esta óptica desencadena movimientos contrarrevolucionarios.

Los conservadores son enemigos de los cambios políticos; en lo social defienden los valores de la familia tradicional, de la Iglesia Católica y del nacionalismo; en lo económico se manifiestan por la implantación de políticas proteccionistas en oposición a las doctrinas del librecambismo. Son defensores del principio de autoridad.

Tienen como fundamento filosófico la teología medieval basada en la escolástica, derivada de Tomas de Aquino, que plantea el principio que la realidad está sujeta a un plan divino y que los acontecimientos sociales y políticos forman parte de los planes de la Providencia. Para el conservador monárquico la soberanía o derecho de gobernar reside en el monarca, mientras que para los liberales supuestamente en el pueblo, en realidad en la burguesía. Entre las propuestas conservadoras en Centroamérica estaba la de proteger al comercio, a la iglesia y a las instituciones coloniales.

El investigador mexicano Alfonso Noriega[2] distingue seis rasgos básicos del pensamiento conservador:

a. El providencialismo histórico (un designio divino dirige la sociedad.

b. El prejuicio (la creencia arraigada y añeja) y la tradición sobre fórmulas utópicas.

c. La convicción que toda civilización requiere de un orden jerárquico y desigual de la sociedad.

d. La condición de la libertad es el respeto a la propiedad privada que conlleva necesariamente una desigualdad material.

e. Se gobierna desde la tradición y el prejuicio, no mediante grandes teorías universales.

f. El cambio (gradual, consensuado) sobre la reforma (repentina, unilateral).

En el marco de la lucha por la independencia americana surgió la primera generación de partidarios del pensamiento conservador. En los debates para definir el rumbo político de la región centroamericana sobresalía el ideólogo independentista José Cecilio del Valle, director del periódico El Amigo de la Patria, que luego fue acompañado por Manuel José Arce. A nivel eclesial sobresale el arzobispo de Guatemala, Ramón Casaus y Torres.

Este último enfrentó, por medio de su labor conspirativa y homilías, a los movimientos independentistas de 1811 y 1814; así como el esfuerzo de José Matías Delgado de erigirse en obispo de El Salvador. Casaus fue un fiel aliado del Capitán General español José de Bustamante y Guerra. En 1829 fue expulsado por el General Morazán del territorio centroamericano.

Por otra parte, el liberalismo político es hijo de la Ilustración europea y sostiene la subordinación del poder religioso al civil; se plantea la búsqueda de la felicidad. Esto queda plasmado en la Constitución de Estados Unidos y posteriormente en las ideas, personajes y documentos de la Revolución Francesa de 1789. Cuestiona la sociedad estamental del aristocrático régimen feudal y se posiciona como la ideología predilecta de la clase capitalista, de la naciente burguesía que proclama ante este régimen feudal: libertad, igualdad y fraternidad. En particular, la libertad de explotar a la clase obrera y oprimir a los sectores populares.

El liberalismo es el predominio de la razón del mercado contra las haciendas feudales. En términos estéticos surge el neoclasicismo, símbolo del renacimiento italiano. En el campo religioso, las 95 tesis de Martín Lucero desafían y quiebran a la iglesia católica institucional con sede en Roma y dan origen a las iglesias protestantes. En el terreno de la filosofía, las obras de los enciclopedistas franceses dirigidos por Voltaire, junto con las corrientes racionalistas (la razón debe prevalecer sobre el dogma) y empiristas (la experiencia debe privar sobre la creencia) inglesas.

El liberalismo proclama la libertad individual como principio y se fundamenta en la defensa de las libertades y los derechos individuales de pensamiento, conciencia y asociación. Establece la igualdad jurídica de los ciudadanos ante la ley, así como la división de poderes y el predominio de la ley fundamental o Constitución. Origina los derechos civiles y políticos.

La esencia del pensamiento económico liberal está plasmada en la célebre frase de los fisiócratas franceses: laissez faire (dejar hacer), laissez passer (dejar pasar) le monde va de lui meme (las cosas se hacen solas). O como lo planteaba el economista inglés Adam Smith, la sociedad y la economía se conducen y equilibran mediante la mano invisible del mercado. Dentro de esta visión liberal, para América Latina, los sectores indígenas eran considerados como salvajes a los cuales había que “civilizar” para integrarlos a la civilización.

Esto explica que fuera un gobierno liberal, el del morazanistas Mariano Prado, el que enfrenta y derrota la heroica rebelión indígena de Anastasio Aquino en 1833. Así como que fuera otro gobierno liberal, el de Rafael Zaldívar, el que disuelve las comunidades indígenas y los ejidos municipales, para fortalecer la producción de café.

La lucha por la independencia centroamericana originó el surgimiento de los primeros movimientos ciudadanos y sus portavoces. Entre estos sobresalen en un primer momento las figuras de José Matías Delgado, Manuel José Arce, los hermanos Nicolás, Vicente y Manuel Aguilar, Pedro Pablo Castillo y José Santiago Celis, entre otros. También estaba el Dr. Pedro Molina, director del periódico El Editor Constitucionalista, que respaldaba a la poderosa familia guatemalteca Aycinena, que pugnaba por sus propios intereses por una mayor apertura comercial.

Esta primera generación de luchadores independentistas, partidarios de las ideas del liberalismo europeo, comprendía desde sectores de criollos moderados hasta sectores de mestizos y mulatos radicales. Los unos aspiraban a cierto nivel de autonomía en el marco de una monarquía constitucional mientras los otros a una independencia total. En la entonces Intendencia de San Salvador las notas de La Marsellesa fue el himno subversivo.

Esta primera generación liberal, en el caso salvadoreño, refleja los intereses de los añileros exportadores,  apoya la liberación del comercio que estaba bajo el poder de comerciantes guatemaltecos aliados con las casas comerciales españolas; la separación entre Iglesia y Estado para quitarle los privilegios a los jerarcas eclesiásticos; la abolición de privilegios para los llamados peninsulares, españoles nacidos en Europa; y lucha por un régimen federal, que garantizara la autonomía de cada provincia.

Una segunda generación de luchadores liberales está encabezada por el General de origen hondureño Francisco Morazán y su ejército unionista. Se enfrentó al líder conservador guatemalteco Rafael Carrera, que propugnaba por un estado centralizado, con Guatemala como capital y que gozaba del respaldo del Imperio Británico. El principal objetivo de Morazán, fue lograr la unidad regional, lo cual cristalizó en la República Federal de Centro América en 1823 y en la Constitución Federal en 1824.

En 1829 expulsó de Guatemala a las órdenes religiosas, en particular a los dominicos. Morazán logro mantener unida a la región durante casi diez años (1829-1839) mediante su poderoso ejército, hasta ser vencido por las intrigas e intereses de la oligarquía conservadora aliada a la jerarquía eclesiástica.

En esa época y durante todo el siglo XIX en el imaginario social predominaba el concepto de Centroamérica sobre el de países en particular, el nacionalismo no existía. Y fueron los sectores conservadores, los que, en su afán de derrotar a los liberales y su idea de unión, los que iniciaron el ensamblaje de una idea de nación. Este cambio inicia en El Salvador en 1841 al constituirse como Estado.

Invasión Napoleónica a España.

La Guerra de la Independencia Española fue parte de las llamadas Guerras Napoleónicas, que se azotaron a casi la totalidad de Europa a comienzos del siglo XIX. Francia (Imperio Napoleónico) se enfrentó a una alianza entre España, Reino Unido y Portugal, cuyo objetivo era el control de la Península Ibérica.

Inicialmente España era aliada de Francia, mediante el acuerdo suscripto por el primer ministro Manuel de Godoy y por Francia, mediante el Tratado de Fontainebleau. En virtud de él, en 1807, los ejércitos franceses cruzaron España con el objetivo invadir Portugal.

Pero en 1808, Francia se volvió en contra de España. Bajo el pretexto de reforzar el ejército franco-español que ocupaba Portugal, Francia comenzó a enviar tropas imperiales a España. En febrero de 1808, Napoleón ordenó a los comandantes franceses a tomar las fortalezas militares estratégicas españolas. Fue el comienzo de la guerra.

El ejército español se vio prácticamente paralizado: sorprendido, mal equipado, sin sus mejores tropas que habían sido llevadas por Napoleón a Dinamarca o dispersos desde Portugal a las Islas Baleares.

Para asegurar su hábil maniobra militar, Napoleón tejió una serie de intrigas contra la familia real española. Es lo que se conoce como las Abdicaciones de Bayona, mediante las cuales Napoleón obtiene los derechos sobre la corona de España. El emperador francés cede sus derechos a su hermano José Bonaparte, quien asumirá como rey de España bajo el título de José I.

Esta usurpación del trono español provocó un levantamiento popular que se extendió por todo el país. Los ciudadanos de Madrid se levantaron en rebelión contra la ocupación francesa el 2 de mayo, matando a 150 soldados franceses. La respuesta fue una brutal represión a los manifestantes que concluyó con los tristemente famosos fusilamientos del 3 de mayo. Acababa de comenzar la resistencia española y la Guerra de la Independencia.

Tras el estallido de la revuelta de Madrid, tan cruentamente aplastada por las autoridades francesas, las semillas de la discordia empiezan a extenderse por el resto de la península Ibérica. La población reaccionó agresivamente contra una ocupación francesa que en líneas generales no entendían ni compartían y se comenzaron a agrupar para luchar contra el invasor.

Con Fernando VII recluido en Francia y José I instalado en el trono de Madrid, los sublevados empezaron a luchar en nombre de la legitimidad del rey en el exilio al mismo tiempo que conformaban, con el paso del tiempo un sistema de oposición cada vez más organizado. Así, el vacío de poder en las distintas regiones se va solucionando por parte de los sublevados con la creación de pequeñas juntas que se encargaban del control de una zona en concreto. Con el tiempo, estas pequeñas juntas locales fueron evolucionando hasta crearse juntas provinciales y, finalmente, una Junta Suprema Central Gubernativa del Reino que se proponía como un sistema de gobierno Central opuesto al sistema napoleónico que existía en Madrid a cargo de José I.

Esta Junta, además de considerarse como un órgano gubernativo legítimo, tenía también como objetivo aunar los esfuerzos de los sublevados y crear un ejército unificado y organizado que pudiera plantar cara al poderoso sistema napoleónico. Fue precisamente la Junta Suprema Central la que se encargó de convocar las Cortes Generales donde se aprobó la famosa Constitución de Cádiz de 1812, aunque la capacidad del gobierno provisional para poner en práctica las reformas acordadas por la Junta y aquellas plasmadas en la Constitución en tiempos de guerra fue bastante escasa.

Por otra parte, las operaciones bélicas continuaban su curso mientras la población rebelde intentaba organizarse. El ejército napoleónico, hasta el momento prácticamente invicto en Europa, sufrió una dura derrota en la famosa batalla de Bailén en 1808 y no controlaba apenas el territorio de la península Ibérica. Sin embargo, Napoleón, al darse cuenta de los niveles de caos que empezaba a alcanzar la situación en el nuevo reino de su hermano, decidió acudir personalmente con un mayor número de tropas para poner orden. Su estrategia fue enormemente exitosa y a partir de 1809 los franceses empezaron a ganar terreno, hasta el punto de que Cádiz, donde se encontraba reunida la Junta Suprema Central, fue la única ciudad que le quedó por conseguir gracias a la armada inglesa que la apoyaba.

El éxito de las tropas napoleónicas fue rotundo durante los años de 1809, 1810 y 1811 y la todavía desunida oposición rebelde no pudo detener su avance. Sin embargo, pusieron las cosas muy difíciles a las tropas napoleónicas, especialmente a la hora de intentar imponer un dominio administrativo y político efectivo en los distintos territorios que iban conquistando, organizando una eficaz política de guerra de guerrillas que fue muy costosa para el ejército francés. El progresivo debilitamiento de Napoleón en Europa, que le obligó a atender otros frentes militares quitando tropas de España, la mejor organización de los rebeldes y el fuerte apoyo militar y económico que les otorgó Gran Bretaña hizo que los franceses fueran perdiendo progresivamente más y más terreno en la Península Ibérica.

Tras sufrir derrotas tan importantes como la de la invasión a Rusia en 1812 y viendo cómo perdía cada vez más terreno en Europa, Napoleón firmó en 1813 el tratado de Valencay, que recibe el nombre del castillo donde Fernando VII había permanecido retenido durante la guerra de la Independencia junto con su hermano y su tío. En este tratado, se devolvía la corona española a Fernando VII y Napoleón se comprometía a retirar todas las tropas que le quedaban en territorio español. Fernando VII volvió así a España como rey, habiéndose considerado como total la derrota de Napoleón. Todos los órganos vinculados a la lucha española contra las tropas francesas, incluyendo la Junta Central, habían actuado en nombre de Fernando VII e incluso la Constitución de 1812 reconocía su autoridad como monarca, aunque se esperaba que reconociera y jurara la Constitución acordada.

Sin embargo, Fernando VII no pensaba reconocer ni la Constitución ni las reformas que se habían hecho durante la guerra. Poco después de llegar a territorio español, hacía su aparición el llamado “Manifiesto de los Persas” en el que, con el apoyo de los núcleos más tradicionales del poder, se suprimía la cámara gaditana y se volvía al estado de poder absoluto real previo a la llegada de Napoleón a la península, acabando con todos los avances realizados durante el periodo de las Cortes de Cádiz. Es este hecho el que marca el final de la Guerra de la Independencia española y la inauguración de un nuevo periodo histórico, donde el sistema absolutista español se encuentra dando sus últimos pasos y en el que el Antiguo Régimen como tal acabará totalmente con el inicio del reinado de Isabel II en 1833.

Invasión Napoleónica a y sus consecuencias en el Imperio Colonial Español.

La Invasión Napoleónica a España en 1808, significó el colapso temporal de la autoridad real y el inicio del proceso de independencia mexicano y centroamericano. En el período de 1808 a 1814, se produjeron alzamientos en el territorio de la Intendencia de San Salvador.

El Alzamiento del 5 de noviembre de 1811, conocido como el Primer Grito de Independencia, fue encabezado por José Matías Delgado, Manuel José Arce y los hermanos Aguilar en San Salvador. Se extendió en los días siguientes del mes de noviembre a las ciudades de Santiago Nonualcos, Usulután, Chalatenango, Santa Ana, Tejutla y Cojutepeque. Hubo dos alzamientos relacionados con éste que adquirieron relevancia: el del 20 de diciembre de 1811, ocurrido en Sensuntepeque, y el del 24 de noviembre de 1811, ocurrido en la ciudad de Metapán. Los cuales fueron finalmente vencidos en diciembre de 1811. Otro alzamiento el 24 de enero de 1814, ocurrido en San Salvador, tampoco tuvo éxito y la mayoría de los líderes independentistas fueron arrestados; siendo uno de ellos, Santiago José Celís, ahorcado por las autoridades españolas. En este movimiento hubo una amplia participación popular.

En mayo de 1814, Fernando VII regresó a España como rey, e inmediatamente restableció el absolutismo, derogando la Constitución de Cádiz. Los efectos de las medidas reales se hicieron sentir en Centroamérica, donde el Capitán General de Guatemala, José de Bustamante y Guerra, desató una persecución en contra de los independentistas y los defensores de las ideas liberales, que se prolongaría hasta su destitución en 1817.

Es en esta situación de aparente retroceso de las luchas independentistas que en 1820 se produce la Revolución de Riego, en España, la cual restableció la vigencia de la Constitución de Cádiz y “…provocó la reacción de la aristocracia criolla, el alto clero y la burocracia peninsular…”[3] opuestas a la aplicación de las leyes liberales españolas y preocupados por las demandas de comercio e intercambio libre con los comerciantes ingleses en Belice, lo cual perjudicaba sus intereses monopólicos con relación al comercio.

El pronunciamiento de Riego: el inicio de la Revolución Liberal de 1820.

La revolución liberal que se produjo en España en 1820 después de una década bastante convulsa, fue el inicio de las Revoluciones de 1820. Tras la Guerra de Independencia Española, los liberales pidieron el regreso de Fernando VII, para que este firmase la Constitución de 1812. Sin embargo, el monarca tenía otra idea en mente y rechazó la carta magna ideada por las Cortes de Cádiz, restaurando sobre su figura el poder absoluto.

Hasta 1820, Fernando VII usó su posición para reprimir a los liberales a todos los niveles. Estos eran muy numerosos entre las filas del ejército e intentaron una serie de levantamientos militares en 1816 pero fueron reprimidos con dureza por las fuerzas leales al monarca absolutista.

Pero esto cambió el 1 de enero de 1820. Ese día, el coronel Rafael de Riego realizó un pronunciamiento militar en Las Cabezas de San Juan en la provincia de Sevilla. Junto con otros oficiales, como Antonio Quiroga, proclamó la constitución y ordenó la detención del general en jefe del cuerpo expedicionario encargado de terminar con los independentistas sudamericanos que estaban luchando por la independencia en las colonias españolas.

Como Riego no estaba seguro de quién le apoyaría en su revuelta, esperó a recibir refuerzos de otras ciudades importantes. No conformaban un contingente lo suficientemente numeroso como para poder realizar una acción sobre Madrid, así que no fue hasta comienzos de marzo de 1820 cuando realmente pudieron hacer algo. Ese mes, hubo una gran insurrección liberal en Galicia que se extendió rápidamente por todo el país, hasta el punto que el 7 de marzo el rey Fernando VII firmó un decreto por el que se sometía “a la voluntad del pueblo” y juraba la Constitución de 1812.

Esto es el inicio del Trienio Liberal que duró desde 1820 hasta 1823. Las medidas que aplicaron fueron la desamortización y la supresión de señoríos, mayorazgos y de la Inquisición, entre otras. Su intención era la de terminar con las bases del absolutismo, ya fuera en el plano social, el económico o el político. El principal foco de batalla liberal fue la Iglesia, a la que querían aplicar los mismos principios que habían llevado a cabo los franceses en su revolución de 1789. Su triunfo influyó de forma determinante en otros países como Portugal, Grecia e Italia, que buscarían obtener un éxito liberal similar.

Acontecimientos en el Virreinato de Nueva España y la Capitanía General de Guatemala.

El Capitán General de Guatemala, Carlos Urrutia, había jurado la Constitución de Cádiz en julio de ese año 1820 y poco después se convocó a elecciones para elegir ayuntamientos y diputaciones provinciales, además de permitirse la libertad de prensa en el territorio de la Capitanía General de Guatemala. Aprovechando este ambiente, comenzaron a publicarse en Guatemala, dos periódicos nuevos: El Editor Constitucional bajo la dirección del guatemalteco Pedro Molina, que defendía posiciones liberales, y El Amigo de la Patria dirigido por el hondureño José Cecilio del Valle, que defendía posiciones conservadoras, incluso monárquicas, opuestas a la independencia, mientras en El Salvador se fundó el periódico El Faro.

En junio de 1821, el Capitán General Urrutia fue sustituido por Gabino Gaínza. En agosto llegaron a Guatemala las noticias de la Independencia de México, bajo los términos establecidos en el Plan de Iguala de Agustín de Iturbide. Ante esta nueva realidad, Gaínza convocó a la reunión de notables del 15 de septiembre.

Desde febrero de 1821, Agustín de Iturbide había proclamado el Plan de Iguala, que dispuso la independencia de los territorios que hasta 1820 habían formado el Virreinato de Nueva España. Nació entonces el Imperio Mexicano, en un intento de monarquía que lo mantuviese bajo una bandera única, católica y conservadora, opuesta a las medidas liberales que se implementaban en España. El Congreso mexicano de 1822 proclamó Emperador a Iturbide como Agustín I. Para entonces, gran parte de Centroamérica, incluyendo a la Provincia de Guatemala, había proclamado su anexión a México, esto el 5 de febrero de 1822.

Sucesos en la Capitanía General de Guatemala.

El 15 de septiembre de 1821, en una reunión en la Ciudad de Guatemala, los representantes de las provincias centroamericanas declararon su independencia de España y conformaron una Junta Gubernativa Provisional, presidida por el antiguo Capitán General español, Gabino Gaínza. La noticia de la independencia llegó a San Salvador el 21 de septiembre.

Destacamos que en momentos que los sectores más radicales apoyados por la gran masa de campesinos se inclinó por la inmediata independencia y la adopción del sistema republicano, es que se declaró formalmente el texto redactado por José Cecilio del Valle, siendo en estas condiciones que la propia Declaración de Independencia expuso que ocurría “…para prevenir…las consecuencias que serían temibles en el caso que las proclamase de hecho el mismo pueblo…”[4] Clásico ejemplo del temor de la oligarquía criolla a cualquier cambio de su preponderancia en lo político y lo económico.

Al concretarse la independencia centroamericana, se dieron tres opciones a la naciente unión de provincias: primero, conservar la unidad de las provincias; segundo, independizarse en naciones bien definidas; o tercero, anexarse al Imperio Mexicano de Agustín de Iturbide. Opción esta última que cobró gran fuerza entre la aristocracia conservadora guatemalteca, encabezada por el Márquez de Aycinena, como iniciativa para frenar a los republicanos, como forma de defender los privilegios de los sectores más reaccionarios y a la vez mantener el predominio guatemalteco.

No obstante, la noticia de la independencia desconcertó a la mayoría de los grupos conservadores en las distintas provincias y ayuntamientos de Centroamérica; pero la preocupación de estos sectores, temerosos de perder sus privilegios, se tranquilizó cuando las autoridades de Guatemala recibieron una carta de Iturbide, quien se había proclamado Emperador de México, invitando a Centroamérica a unirse al imperio.

La Junta decidió consultar a los ayuntamientos y respondieron dos tercios de ellos, de los cuales 168 aprobaron la anexión, y dos, San Salvador y San Vicente, rehusaron unirse a México. La Junta de Guatemala declaró la anexión a México el 5 de enero de 1822. Iturbide envió tropas mexicanas al mando del general Vicente Filisola para someter a las provincias rebeldes de San Salvador y San Vicente. El general Filisola entró con sus tropas a San Salvador en febrero de 1823, luego de derrotar a los salvadoreños en los enfrentamientos ocurridos de Guazapa y Guayabal y tras varios meses de resistencia.

Para cuando Filisola regresó a Guatemala, recibió la noticia de que Iturbide había sido derrocado y que México se había constituido en república, entonces Filisola le pidió a la Junta de Guatemala que convocara a los diputados centroamericanos para que tomaran una decisión. La Asamblea Centroamericana proclamó, el 1 de julio de 1823, la independencia de España, México o cualquier otra nación y se constituyeron las Provincias Unidas del Centro de América.

Analizando este hecho, se nos hace evidente que la oligarquía criolla, conservadora y católica, de los diferentes territorios centroamericanos, primero declararon la Independencia de España ante el temor de la proclamación y vigencia de la Constitución de Cádiz  (luego de “Pronunciamiento de Riego”) y su incorporación al Imperio Mexicano de Iturbide, para en un segundo acto y ante la caída de este último y la proclamación de la República en México; entonces proclamar la soberanía de cualquier tutela externa, primando la defensa de sus interés de clases y aprensión a cualquier situación política que pudiese afectarlos.

El 22 de diciembre de 1823 la Alcaldía Mayor de Sonsonate y la Intendencia de San Salvador acuerdan unirse, Ahuachapán se rehúsa hasta el 7 de febrero de 1824, cuando las dos provincias se unen totalmente y forman el Estado de El Salvador, que pasaría a formar parte de las Provincias Unidas del Centro de América. Está fecha: 7 de febrero de 1824 marca el nacimiento del Estado de El Salvador como entidad política federada a las Provincias Unidas.

Para la organización definitiva del país, la Asamblea Constituyente nombró una comisión para redactar un proyecto de Constitución. Esta comisión, formada por cuatro diputados, trabajó primero en un documento denominado Bases de Constitución Federal, en el que se recogían los principios fundamentales de la futura Carta fundamental y se delineaba la organización del gobierno. Documento entregado el 25 de octubre de 1823 al plenario de la Constituyente.

El 17 de diciembre siguiente, la Asamblea dispuso hacer circular el texto, e invitó a las Provincias Unidas a formular y presentar observaciones o propuestas de modificación. Las Bases de Constitución federal se dividían en 45 artículos, distribuidos en diez partes o secciones sin numeración.

En marzo de 1824 tomaron asiento en la Asamblea los representantes costarricenses, y a solicitud suya, el 4 de ese mes el cuerpo constituyente declaró que la Provincia de Costa Rica quedaba incorporada a la República del Centro y era una parte integrante de ella bajo el sistema adoptado en las Bases. La misma declaratoria indicó que las autoridades establecidas en Costa Rica continuarían en sus funciones hasta que se estableciesen las que debían regirla conforme a las Bases.

En Chiapas, por el contrario, se efectuó un plebiscito que resultó en la decisión de integrarse definitivamente a México, en septiembre de 1824.

La Asamblea Constituyente fue presidida por José Matías Delgado y promulgó la primera Constitución federal, el 22 de noviembre de 1824.

Desde el punto de vista económico, los estados centroamericanos, incluido El Salvador, se inician como países independientes como propietarios de grandes extensiones de tierras baldías (antiguas tierras realengas o de propiedad de la corona), en coexistencia con las otras formas reconocidas de dominio, en este caso las tierras de los indígenas, de carácter comunal, las tierras entregadas a los antiguos “encomenderos”, facilitante de una apropiación privada y los llamados “ejidos” o tierras de propios, terrenos adscritos a los municipios o autoridades locales.

Sobre esta base y a tenor del ascenso al poder político de la Oligarquía de Hacendados criollos, descansó el posterior conflicto por la propiedad de la tierra, en el proceso de surgimiento y consolidación de las relaciones de producción capitalistas en el agro salvadoreño.

Las Bases como Constitución provisional.

Aunque las Bases habían sido emitidas solamente como una propuesta de esquema para la futura Constitución Centroamericana, la provincia de San Salvador, cuyas autoridades eran partidarias de un sistema federal, se apresuró a convocar un Congreso Constituyente para emitir su constitución conforme al documento.

Ante ese hecho, el 5 de mayo de 1824 la Asamblea Constituyente acordó facultar a las provincias para elegir congresos y organizar sus autoridades de conformidad con las Bases de la Constitución, y además convocó a elecciones para las futuras autoridades federales, aunque todavía no se había emitido la Carta fundamental. Estas decisiones hicieron que el texto de las Bases empezase a adquirir positividad y se elevase de la condición de simple anteproyecto a la de una verdadera Constitución provisional, cuya vigencia se mantendría mientras la Asamblea aprobaba la Constitución definitiva. Además, las Bases, a pesar de sus defectos, influenciados por la Constitución federalista estadounidense, quedaron irreversiblemente convertidas en el modelo principal de la futura Carta fundamental.

Las Bases de Constitución Federal estuvieron vigentes hasta la emisión de la Constitución de la República Federal de Centroamérica, aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente el 22 de noviembre de 1824.

Con la emisión de la Constitución Federal en noviembre de 1824, quedó sustituido el nombre de provincias por el de estados, y el nombre del país también cambió, por lo que las Provincias Unidas del Centro de América pasaron a llamarse República Federal de Centroamérica.

El Salvador se dio su propia Constitución el 22 de junio de 1824, siendo jefe de Estado, el independentista Juan Manuel Rodríguez. Destacamos que desde la época colonial existía gran recelo entre las élites de El Salvador y Guatemala y luego de la independencia, se produjo una abierta confrontación. Mientras el gobierno de la República Federal residió en Guatemala, hubo numerosos enfrentamientos entre éste y el gobierno estatal de El Salvador.

En 1825 fue elegido como presidente de la República Federal, al salvadoreño Manuel José Arce apoyado por los liberales, pero éste, para poder gobernar buscó el apoyo de los conservadores que eran mayoría en el Congreso Federal. En 1826 el gobierno de Arce se enfrentó con el gobierno liberal del Estado de Guatemala, estallando la guerra civil en toda Centroamérica con excepción de Costa Rica. La guerra duró hasta 1829. Los liberales se unieron en torno del hondureño Francisco Morazán, quien logró derrotar militarmente a las tropas federales y expulsó de Centroamérica a Arce, en 1829; siendo electo como Presidente de la Federación en 1830.

En 1830 los salvadoreños eligen a José María Cornejo, un conservador, como Jefe de Estado, quien se opone al nuevo presidente federal Morazán y llega hasta declarar la separación del Estado salvadoreño de la Federación. Morazán con sus tropas federales entraron a San Salvador, destituyendo a Cornejo y dejando en el poder a Mariano Prado, quien al poco tiempo es sustituido por Joaquín de San Martín, que de nuevo anuncia la separación de la Federación.

Morazán entonces vuelve a entrar con sus tropas en El Salvador y trasladó la capital federal a San Salvador, en 1834. Luego del traslado a San Salvador del gobierno federal y hasta 1840, Morazán mantuvo el control sobre el gobierno del Estado de El Salvador. En 1837 Rafael Carrera, apoyado por el clero y los conservadores de Guatemala, se levantó en armas desde Quetzaltenango contra la Federación. Carrera derrotó a Morazán, quien abandonó San Salvador en 1840, rumbo a Costa Rica. Tras el exilio de Morazán, se instaló un nuevo gobierno conservador en El Salvador, presidido por Juan Nepomuceno Lindo.

Entre las causas de la derrota de los liberales y la posterior disolución de la Federación Centroamericana esta la fuerte pugna de intereses económicos de las oligarquías locales, primando por encima de la posibilidad de la consolidación de una Centroamérica como Estado único.

Por otro lado, la aprobación de una serie de leyes contrarias a las comunas indígenas, provocaron reacciones negativas entre esta población. Las Cortes de Cádiz habían suprimido en 1812 los tributos de los pueblos indios y cada vez que se querían implantar de nuevo, surgían reacciones opuestas. Cuando Mariano Prado como Jefe de Estado de El Salvador introdujo el sistema de jurados y un nuevo impuesto que tenían que pagar todos los ciudadanos, se produjeron levantamientos en Izalco y San Miguel, produciéndose en 1833 la sublevación de los indígenas Nonualcos, acaudillados por Anastasio Aquino, en la población de Santiago Nonualcos en el actual departamento de La Paz.

¿Dónde están las causas esta sublevación? Roque Dalton señala que la situación de este sector no cambió en lo más mínimo con la independencia ya que los criollos y los mestizos desempeñaron el papel de explotadores. «Las masas indígenas bien pronto cayeron en la cuenta de que lo único que había cambiado eran las personas de los amos.»[5]

Bajo el lema «tierra, medios de producción y libertad», estalló la rebelión indígena, respuesta a las usurpaciones de tierras, al reclutamiento militar forzoso y al incremento de impuestos. Las comunidades nonualcas dirigidas por Anastasio Aquino, antiguo jornalero de una hacienda añilera, se levantaron en armas logrando tomar las ciudades de Zacatecoluca y San Vicente. La rebelión motivó a otros sectores y de 3000 hombres el ejército de los Nonualcos llegó a sumar 10 000. Anastasio Aquino fue sorprendido por las fuerzas del ejército y fusilado en San Vicente el 21 de abril de 1833.

Después de este suceso, entre los años de 1838 y 1840, la Federación entró en un período de guerra civil. El primer Estado en separarse definitivamente fue Nicaragua, en abril de 1838; en octubre esta decisión fue imitada por Honduras, y en noviembre por Costa Rica. Guatemala se separó en 1839 bajo el gobierno de Rafael Carrera. A finales de 1839, la Federación había dejado de existir; aunque El Salvador hasta el 2 de febrero de 1841 fue que se proclamó como Estado soberano e independiente. Sin embargo, señalamos que durante el siglo XIX hubo numerosos intentos para restablecerla, manifestados en las conferencias unionistas centroamericanas.

A modo de resumen consideramos que el fracaso de la unión centroamericana y el fin de su confederación estuvo motivado por las siguientes causas:

• En oposición al proyecto federal se encontraban los conservadores, los representantes del Alto Clero de la Iglesia Católica y los grandes latifundistas, terratenientes y oligarcas, defensores de estrechos intereses económicos, contrapuestos a una real integración centroamericana.

• El transporte y las comunicaciones entre los Estados miembros eran extremadamente deficientes, dificultando el intercambio y la integración económica.

• La población, en general, desconocía el beneficio de una integración regional y nunca lo hizo suyo, fuera de grupos de intelectuales, militares y sectores minoritarios interesados. Para el caso de las comunidades indígenas nunca se buscó su inserción en un Estado de características integradoras y la reacción estado-comunidad siempre fue contraproducente hasta llegar al enfrentamiento abierto.

• Intervención de naciones extranjeras, como los casos de Gran Bretaña, Estados Unidos y México. Apoyando a uno u otro bando de acuerdo a sus intereses particulares.

Conclusiones.

_ El análisis del proceso de independencia centroamericano, arroja que la oligarquía criolla, conservadora y católica, de los diferentes territorios centroamericanos, primero declararon la Independencia de España ante el temor de la proclamación y vigencia de la Constitución de Cádiz  (luego de “Pronunciamiento de Riego”) y su incorporación al Imperio Mexicano de Iturbide, para en un segundo acto y ante la caída de este último y la proclamación de la República en México; entonces proclamar la soberanía de cualquier tutela externa, primando la defensa de sus interés de clases y aprensión a cualquier situación política que pudiese afectarlos.

_ Desde el punto de vista económico, en la primera década del siglo XIX, las autoridades coloniales españolas, realizaron una serie de medidas fiscales y económicas que limitaban aún más el desarrollo de una cada vez más fuerte Oligarquía criolla, como el aumento de tributos y la consolidación de deudas estatales, para financiar las guerras europeas de la Corona española. Estas medidas acrecentaron el sentimiento pro independencia entre diferentes sectores criollos que veían afectados sus intereses económicos particulares.

_ Durante la colonia, la estructura de la tenencia de la tierra se fue modificando, especialmente a partir del inicio del despojo de los indígenas de sus tierras comunales, hasta ese momento en sus manos como usufructo legítimo y la concentración de las mismas en pocas manos, originándose una nueva forma de producción y de propiedad denominada la hacienda, germen de los grandes latifundios y el nacimiento de la oligarquía criolla en Centroamérica.

_ Con relación a la propiedad de la tierra, los Estados centroamericanos, incluido El Salvador, se inician de países independientes como propietarios de grandes extensiones de tierras baldías (antiguas tierras realengas o de propiedad de la corona), en coexistencia con las otras formas reconocidas de dominio, en este caso las tierras de los indígenas, de carácter comunal, las tierras entregadas a los “encomenderos”, facilitante de una apropiación privada y los llamados “ejidos” o tierras de propios, terrenos adscritos a los municipios o autoridades locales. Sobre esta base y a tenor del ascenso al poder político de la Oligarquía de Hacendados criollos, descansó el posterior conflicto por la propiedad de la tierra, en el proceso de surgimiento de las relaciones de producción capitalistas en el agro salvadoreño.

_ El fracaso de la unión centroamericana y el fin de la confederación estuvo motivado por la oposición al proyecto federal de los conservadores, los representantes del Alto Clero de la Iglesia Católica y los grandes latifundistas, terratenientes y oligarcas, defensores de estrechos intereses económicos, contrapuestos a una real integración centroamericana. La población, desconocía de manera mayoritaria el beneficio de una integración regional y nunca lo hizo suyo, fuera de grupos de intelectuales, militares y sectores minoritarios interesados.  Para el caso de las comunidades indígenas nunca se buscó su inserción en un Estado de características integradoras y la reacción Estado-comunidad siempre fue contraproducente hasta llegar al enfrentamiento abierto, como fue el caso de los Nonualcos.

*Doctor en Ciencias Históricas. Editor de Voces Diario Digital. Director de Investigaciones de la Universidad Luterana Salvadoreña. (armando.brinis@uls.edu.sv)


[1] Torres Rivas, Edelverto. “Interpretaciones del desarrollo social centroamericano. Editorial Universidad Centroamericana, San José, 1977. Pág. 39 y 40.

[2] Alfonso Noriega Cantú (Ciudad de México, 21 de enero de 1909. Falleció el 16 de enero de 1988) fue un abogado, catedrático y académico mexicano.

[3] Guerra Vilaboy, Sergio. “El dilema de la Independencia”. Editorial Pueblo y Educación. La Habana, Cuba. Pág. 199.

[4] Citado por Roberto Díaz Castillo: “Proclamación de la independencia de Centroamérica: necesidad de un estudio sistemático sobre la contienda ideológica de los años de 1821-1823”, en Política y Sociedad, Universidad de San Carlos de Guatemala, 29 de noviembre de 1969, pág. 44.

[5] Dalton, Roque. “El Salvador”. Monografía. 1963, pág. 64.

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