David Quintana*

Sin lugar a dudas, la pandemia de covid-19 dejó al descubierto lo vulnerable de nuestro sistema educativo, al demostrar lo fácil que fue cerrar las escuelas y al mismo tiempo lo difícil que resultó volverlas abrir. Puesto que, a consecuencia de la emergencia sanitaria y en atención a las recomendaciones generadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), mediante un decreto ejecutivo emitido por el Presidente Nayib Bukele, a partir del 11 de marzo de 2020,  todas las actividades académicas de carácter presencial fueron suspendidas y trasladadas de manera espontánea e inmediata a la modalidad virtual, esto con el fin de garantizar la continuidad de las clases en el sistema educativo público y privado salvadoreño. (MINED, 2020)

En este sentido, se estima que, más de 50 mil docentes y alrededor de 1.2 millones de estudiantes cambiaron radicalmente su dinámica de trabajo y estudio, convirtiendo los hogares en improvisados salones de clase a fin de priorizar la salud de docentes y estudiantes mediante el distanciamiento social generado por la pandemia de Covid-19 (MINED, 2021)

Sin embargo, la espera de aproximadamente un año de clases sin presencialidad parece haber terminado, luego de conocer que, el Ministerio de Educación (MINED) previa autorización del Ministerio de Salud (MINSAL) ha previsto el reinicio de clases de forma semipresencial, progresiva y opcional para el martes 6 de abril de 2021 (MINED, 2021), propiciando el retorno por parte de docentes, estudiantes, padres y madres de familia, tanto en el sector público como privado.

En virtud de lo anterior, el presente artículo intenta hacer un análisis sobre la pertinencia o no de la apertura gradual de clases en el sistema educativo salvadoreño. Al respecto, la tesis que se desarrolla es que es sumamente necesario el retorno a las clases de manera semipresencial, pero que esta a su vez, no ha sido oportuna conforme se describe en dos epígrafes a continuación.

  1. Necesaria sí.

Para el caso salvadoreño, retornar a las clases presenciales constituye una necesidad de primer orden, puesto que, un año de pandemia ha significado el aumento de las brechas de desigualdad en el acceso a la educación para un porcentaje significativo de la población, quienes no pudieron continuar con sus estudios de manera presencial ni virtual. Sin embargo, lo más perjudicial de todo esto, es que, como lo manifiesta Unicef, Banco Mundial, PMA, (2020) “cuanto más tiempo estén los niños (…) fuera de la escuela, menos probable es que regresen” lo cual, puede contribuir en gran medida al aumento de embarazos en la adolescencia, explotación sexual, matrimonio infantil y uniones tempranas, violencia, estrés, entre otros.

Pese al invaluable esfuerzo del sector docente, estudiantes y el apoyo de padres y madres de familia por garantizar la continuidad de las clases durante todo este periodo de distanciamiento social, es importante reconocer que si bien es cierto, la tecnología se convirtió en un pilar fundamental para la mediación pedagógica, esta no fue suficiente ni en calidad ni en cantidad conforme a lo requerido, generando como consecuencia la pérdida de una parte importante de aprendizajes, como resultado de la carencia de  energía eléctrica, Internet, computadora, celular y competencias en el uso adecuado de la tecnología educativa, los cuales terminaron convirtiéndose en obstáculos para el logro de los objetivos de aprendizaje. Es decir, el sector docente en coordinación con los padres y madres de familia han sido pilares fundamentales para que las pérdidas de los aprendizajes en tiempo de pandemia no hayan sido aún más estrepitosas, puesto que, como lo dice una frase ya bastante trillada “nadie estaba preparado” para esta pandemia.

Así mismo, si estamos conscientes, que para el manejo de la pandemia se requiere de sensibilización y puesta en práctica de normas de autocuido (como el uso de mascarilla, alcohol gel y distanciamiento), que mejor manera de hacerlo permitiendo que la educación como institución promotora de la formación de valores en el ser humano contribuya a este propósito, pues, parece paradójico que Centros comerciales, bares, restaurantes y playas que no tienen ningún interés en aspectos formativos, se les haya permitido  aperturar sus labores desde hace mucho tiempo, mientras  que las Instituciones Educativas aún se mantenían cerradas.

Aunado a lo anterior, otra de las razones por las que se considera necesario el retorno a las clases presenciales acorde a  Unicef, Banco Mundial, PMA, (2020) obedece a la pérdida de salud mental a la que han estado sometidos todos los actores de la comunidad educativa, debido a que se estima que, durante este año de clases virtuales, se ha propiciado un incremento de los niveles de estrés, ansiedad y depresión en docentes, estudiantes, padres y madres de familia.

Finalmente, en esta primera sección se recalca la importancia que tiene el volver a la presencialidad en la medida que funciones relevantes en todo proceso enseñanza-aprendizaje como la evaluación de los aprendizajes, el control de la participación de los estudiantes y la retroalimentación de los contenidos de clase se han tornado una labor  mucho más compleja para la labor docente bajo la modalidad virtual, puesto que, por una parte, a través de una pantalla, es mucho más difícil valorar los progresos o retrocesos que un estudiante ha tenido en competencias procedimentales y actitudinales, por otra parte, muchas de estas clases se han convertido en monólogos (donde el profesor genera preguntas y se las termina respondiendo así mismo, ante el silencio de los estudiantes) convirtiéndose en  “sesiones espiritistas” donde el docente llama a sus estudiantes que aparentemente se conectaron, pero que en realidad (algunos de ellos) no están o en el peor de los casos no quisieran estar. Situación que pone en evidencia las dificultades para evaluar, garantizar la participación del estudiantado.

  1. Oportuna no.

Pese a lo importante que es la reapertura de las clases de manera semipresencial, se estima que esta no se desarrolló de manera oportuna en tiempo y espacio. Esto se debe a qué, por un lado, la apertura debió planificarse de manera progresiva, focalizada y no “de golpe” sino a partir del análisis del nivel de afectación para la comunidad educativa de cada centro Escolar. Es decir, como lo señala Unicef, Banco Mundial, PMA, (2020) se debe “Responder a las condiciones locales y satisfacer las necesidades de todos los niños respecto del aprendizaje, la salud y la seguridad (…).” En este sentido, considerando que la pandemia no tuvo el mismo nivel de afectación en todo el territorio salvadoreño, pues, según las estadísticas  del Gobierno de El Salvador (2020) por ejemplo, el Departamento de Cabañas, hasta el 3 de abril de 2021 solo reportaba 673 casos de covid-19, por lo que perfectamente se pudo haber iniciado la reapertura hace mucho tiempo, caso contrario a Departamentos como San Salvador, San Miguel y Santa Ana, donde el retorno se debería postergar, dado que, el número de contagios aún es relativamente alto y por lo consiguiente el riesgo es más elevado.

Por otro lado, aparentemente no se tomó en cuenta que, la apertura de clases se da, luego del retorno de un reciente período vacacional en el cual, la probabilidad de contagios pudo haberse elevado, poniendo en riesgo a quienes asistan a los Centros Escolares, aunado a que la aplicación de la primera dosis de la vacuna contra el covid-19 en el sector docente, se ha realizado hace menos de una semana del retorno a clases semipresenciales.

Conclusiones

Finalmente, a partir de lo anteriormente descrito se concluye lo siguiente:

  1. Desde cualquier óptica, la reapertura de clases de manera semipresencial es a todas luces sumamente necesaria, sin embargo, esta debe realizarse en tiempo y espacio oportuno (de manera focalizada, donde el interés fundamental sea el aprendizaje de los niños), lo que significa que algunos Centros Escolares debieron abrir hace mucho, otros hace poco y una parte todavía no deberían abrirse.
  • Un año de pandemia fue suficiente para visibilizar las falencias de nuestro sistema educativo, en donde, fue fácil cerrar, pero difícil volver abrir. Ahora se valora la importancia del contacto e interacción cara a cara en la relación docentes- estudiantes y estudiante-estudiante, tampoco se trata de pensar que la educación presencial es mejor que la educación virtual y viceversa, ambas son complementarias y no deben ser utilizadas como un fin, sino como un medio que responda a los intereses y necesidades educativas de los estudiantes.
  • Un año de pandemia no solo ha dejado efectos negativos, sin lugar a dudas voluntaria o involuntariamente ha contribuido a la digitalización de procesos académicos y fortalecimiento de las competencias tecnológicas en el sector docente, las cuales ahora podrán combinarse con elementos de presencialidad a fin de transitar hacia la denominada “educación híbrida.”

Referencias bibliográficas

Gobierno de El Salvador. (2020). Observatorio covid-19. Recuperado el 3 de Abril de 2021, de https://covid19.gob.sv/

MINED. (2020). La alegría de regresar a la escuela. Gobierno de El Salvador. Obtenido de https://www.mined.gob.sv/noticias/noticias/item/1016004-regreso-a-clases-2021

MINED. (2020). Memoria de labores Junio 2019-Mayo 2020. Obtenido de Gobierno de El Salvador.

MINED. (3 de Abril de 2021). Docentes con buenos animos para reanudar las clases. Obtenido de https://www.mined.gob.sv/noticias/item/1016148-docentes-con-buenos-animos-para-reanudar-las-clases.html

Unicef, Banco Mundial, PMA. (2020). Marco para la reapertura de las escuelas. Obtenido de https://www.unicef.org/media/68871/file/SPANISH-Framework-for-reopening-schools-2020.pdf

  • Catedrático e investigador de la Universidad Luterana Salvadoreña

Deja una respuesta