Bukele fue más discreto que en sus discursos del 2020 y 2019. ¿Por qué?

El presidente salvadoreño, Nayib Bukele, expuso su tercer discurso ante la Sesión 76 de la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) con un video pregrabado. Este no fue un formato fuera de lo normal. En 2020 también fue un discurso pregrabado. Lo anormal fue ver a un Bukele más discreto, más serio, ante la comunidad internacional.

¿Qué pasó en los discursos de Bukele en 2019 y 2020?

El 26 de septiembre de 2019, Bukele dio su primer discurso ante la ONU como presidente de El Salvador. Había ganado las elecciones con una amplia victoria de 53.8% votos frente al 31.6% de estos ante su contrincante propietario de la cadena de supermercados más grande del país, Carlos Calleja. Fue una victoria ante los partidos políticos tradicionales, o, como él les dice, “los mismos de siempre”.

En la Asamblea General 74 de la ONU en 2019, el presidente salvadoreño criticó a la ONU por considerarla “obsoleta”. Resaltó que debían empezar a utilizar las nuevas tecnologías, como los teléfonos inteligentes, para conectar mejor con los jóvenes y los ciudadanos. No es coincidencia, entonces, que en su discurso, Bukele mencionara estos dos puntos como su principal logro político. “La cantidad de smartphones supera nuestra población… el uso efectivo y eficaz de estas plataformas derribó un sistema bipartidista que tenía una total hegemonía del poder”, dijo el presidente.

Aprovechó el espacio para tomarse una selfie al inicio de su discurso, recurso con el cual, de acuerdo con él, comprobaba la obsolescencia de la ONU. “Muchas más personas verán esa selfie que las que escucharán este discurso. Espero haya salido bien”, mencionó bromeando.

Fue un Bukele relajado, entusiasmado y carismático ante una comunidad internacional que brindó un aplauso estridente cuando el presidente despidió su discurso de 15 minutos con 43 segundos de duración con un “muchas gracias”.

El 29 de septiembre de 2020, Bukele se dirigió a la Sesión 75 de la Asamblea General de la ONU con un discurso que duró 12 minutos con 57 segundos. En este discurso se mostró reflexivo y pensativo, pero a propósito. El mundo se encontraba en medio de la pandemia por COVID-19, y Bukele comenzó su discurso empatizando con toda la población. “Un saludo a todos los pueblos del mundo, y mi solidaridad por los momentos que todos estamos pasando; momentos históricos, trascendentales, de los más difíciles que nos han tocado experimentar”, dijo.

No cedió de criticar a la ONU. “Hace 1 año, en esta misma asamblea general, mencioné la urgente necesidad de que esta cambie de formato, y que, si no lo hacía, esta se iba a volver irrelevante. Cambió, pero poco… ¿Cuáles fueron los resultados de este cambio? Volverse todavía más irrelevante”, lamentó el presidente, pero siempre mantenía su optimismo por ver un posible cambio en la organización internacional.

En la segunda parte de su discurso, Bukele expuso los logros que él consideraba había realizado su gobierno desde el 1 de junio del 2019. El Hospital de El Salvador, el cambio del sistema de salud, la reducción de los homicidios, etc. Lo llamó “el milagro salvadoreño”, pero, de acuerdo con él, todavía hacía falta.

“Estamos limpiando y ordenando la casa… nos falta mucho todavía. Hay varios temas que tenemos que resolver”, vaticinaba el mandatario.

“Que Dios nos ilumine a todos y nos permita reconstruir el futuro, juntos, como hermanos. Muchas gracias”, finalizó.

Meses después, su gobierno daría un golpe de Estado Constitucional o técnico a la Sala de lo Constitucional (como lo define el abogado constitucionalista guatemalteco, Mario Fuentes Destarac o el abogado y doctor con maestría en derechos humanos colombiano, Omar Huertas Díaz), destituiría inconstitucionalmente al fiscal, Raúl Melara, destituiría inconstitucionalmente a jueces mayores de 60 años o con más de 30 años de experiencia, limitaría el acceso a la información pública, detendría ilegalmente a ciudadanos, entre otras cosas.

No solamente pasó eso, sino que el descontento hacia él creció. El Instituto de Opinión Pública (IUDOP) de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” ha censado con la población cómo evalúan al presidente desde el inicio de su gestión. En 2019, su nota fue de 7.8, en 2020 fue de 8.37, pero en 2021 fue 7.64.

Distintos funcionarios y exfuncionarios suyos fueron incluidos en la Lista Engel del Departamento de Estado de los Estados Unidos, lista que nombra actores corruptos y antidemocráticos del Triángulo Norte. También se agregaron a los actuales magistrados de la Sala de lo Constitucional que fueron puestos por los diputados de Nuevas Ideas el 1 de mayo de 2021.

El 9 de junio, se aprobó una ley que legalizaría el Bitcoin como moneda de curso legal el 7 de septiembre de 2021. El 8 de julio, la Universidad Francisco Gavidia (UFG) difundió una encuesta donde se reveló que el 77.5% de los salvadoreños consideran nada o poco acertada la decisión de establecer el Bitcoin (BTC) como moneda de curso legal en El Salvador. El 2 de septiembre, una semana antes de la entrada en vigencia de la Ley Bitcoin, el IUDOP comunicó los resultados de su última encuesta, donde mencionaban que 8 de cada 10 salvadoreños tenían poca o ninguna confianza en el Bitcoin, y 9 de cada 10 salvadoreños consideraba que su uso debería ser voluntario (el artículo 7 de la Ley establece su uso obligatorio).

El 15 de septiembre, en la celebración de los 200 años de independencia de El Salvador, miles de salvadoreños y salvadoreñas salieron a las calles a marchar en contra de la implementación del Bitcoin, el rompimiento del Estado de Derecho y la gestión de Bukele. En las calles se vieron veteranos de la Fuerza Armada, veteranos de la guerrilla, doctores, abogados, jueces, personas indígenas con sus Wiphalas, personas LGBTIQ+ en drag, banderas LGBTIQ+, cartulinas con mensajes de protesta, feministas, jóvenes, adultos, adultos mayores. La plaza Morazán se llenó de consignas y discursos en contra de Bukele.

Así llegó el presidente a su tercer discurso ante la ONU el 23 de septiembre de 2021. Este duró solamente 6 minutos con 48 segundos. Bukele estaba tibio. Sentado.

Comenzó su discurso, uno que tuvo un tono más fatalista que los anteriores, como si Bukele perdió la esperanza en una ONU rejuvenecida. “La misma asamblea general que hace muchos años despertaba tanto optimismo, se estaba acercando a la obsolescencia. Lo probé con una selfie para demostrar que el mundo había cambiado. Lo volví a decir hace 1 año en medio de una pandemia. Este año estoy de nuevo acá viendo cómo no entendimos ese aviso, y nos estamos dirigiendo hacia otra crisis, como la segunda guerra mundial después de la gran depresión”, expresó.

“Estamos en un mundo cada vez más acelerado, más ansioso más pesimista y más individualista”, resaltaba Bukele.

“Un mundo en el que, si alguien quiere hacer las cosas diferentes, se le ataca, en lugar de guiarlo y ayudarlo a crear su camino, un camino que el resto de la humanidad pudiera llegar a seguir”, dijo, quizás refiriéndose a él mismo y su manera de actuar “diferente” como él sostiene que su gobierno es, y al deterioro de la relación con uno de los principales aliados históricos de El Salvador: Estados Unidos. El país norteamericano ha tomado acciones, como la Lista Engel, para castigar las acciones de Bukele y su gobierno, lo cual en una ocasión el presidente salvadoreño la calificó como “injerencia”.

“En lugar de volver a pedir una refundación del multilateralismo hacia un nuevo modelo en donde nos unamos como naciones para analizar y decidir el camino que tomaremos, estoy anunciando la intención de mi país, El Salvador, de ir hacia ese nuevo camino, el camino hacia nuestro desarrollo, y, primero Dios, un ejemplo para otros países del mundo”, explicó.

Luego, citó a Confucio, uno de los pensadores de origen chino más reconocidos a nivel mundial: “elige un trabajo que te guste y nunca trabajarás un día más en tu vida”, dijo Bukele. Un poco después de esto, el presidente terminó su discurso diciendo que Dios ya había elegido el camino de El Salvador. Esta vez no dijo “muchas gracias”.

¿Se volteó la población?

A partir de ciertos cambios verbales y no verbales en sus discursos ante la ONU, surge la pregunta de si la población ya no lo apoya como antes y si la marea cyan, si “el pueblo”, está engullendo también a Bukele. Basándose en los resultados de la encuesta del IUDOP, su popularidad ha bajado. Poco, pero ha bajado. El manejo del COVID-19, la entrega de bolsas solidarias y la reducción de la violencia homicida todavía mantiene el apoyo hacia el presidente.

Además, en comparación con los dos expresidentes más recientes, Bukele goza de mayor popularidad que ellos. En su segundo año de gobierno, Mauricio Funes fue calificado con 6.16 de nota por la población, según el IUDOP. De acuerdo con la misma institución, Salvador Sánchez Cerén obtuvo 5.32 de nota.

Entonces, se puede decir, con base a las encuestas del IUDOP, que Bukele todavía goza de popularidad; y de la mejor popularidad de la que un presidente ha gozado en 13 años.

Sin embargo, el presidente debería leer más citas del filósofo chino. “El hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor”, dijo Confucio. Más específicamente al puesto de gobernanza: “saber gobernar es saber rectificar”, mencionó el pensador. Adaptadas las citas a Bukele, la explicación es la siguiente: el señor presidente ha cometido distintos errores durante su mandato (junto con su gabinete), debería rectificarlos, pedir perdón, restaurar el orden constitucional, y, solo así, seguirá verdaderamente las palabras de Confucio.

De lo contrario, las consecuencias de sus actos primero alcanzarán al “pueblo”, y, cuando ya no esté en el poder, lo alcanzarán a él.

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