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Foto: Tomás Lainez, turista estadounidense que desapareció en San Vicente, El Salvador/Cortesía de María Laínez

Turista estadounidense que viajó a San Vicente, El Salvador, cumple un mes de desaparecido

José Tomás Lainez, un hombre de 54 años con residencia en Estados Unidos que visitó San Vicente, El Salvador (su país de nacimiento), hacia finales del mes pasado, continúa desaparecido desde el pasado 24 de marzo, hace más de 30 días. El viaje fue planificado con algunos de sus familiares. Tomás es el mayor de un total de ocho hermanos.

María Lainez, también de residencia estadounidense y hermana de Tomás Lainez, relató a VOCES cómo su hermano desapareció, ante qué mecanismos han acudido en la búsqueda de su ser querido y cuál es el sentimiento de toda una familia en tales circunstancias.

Detalló que toda su familia ha vivido en Estados Unidos durante más de cuatro décadas, pues con esfuerzos de sus padres todos han logrado migrar y obtener ciudadanías en búsqueda de mejores condiciones de vida, educación, entre otros. Su familia optó por dejar su tierra natal, El Salvador, ante la violencia que se vivía en la década de los 80, productos del conflicto armado.

Un viaje a un El Salvador “seguro”

De acuerdo con María, su madre estaba planeando visitar a El Salvador con el fin de cuidar a una tía enferma. Aunque en los planes no incluía que se uniría José Lainez, este decidió unirse a último momento a la visita hacia El Salvador. José llegó al país en altas horas del 23 de marzo y se hospedó en un hotel capitalino.

Según relató su hermana, Lainez vino a El Salvador bajo la idea que El Salvador no era el mismo que hace años, que era un país “sano”, “limpio” y sin problemas, tal como funcionarios del mismo país lo aseguran e invitan a extranjeros o migrantes salvadoreños a conocer y visitar El Salvador.

Entre los planes contemplaban visitar en San Vicente un viejo río en donde la madre creció y al cual el padre la llevaba frecuentemente de niña. Por ello, la tía a la que visitaría recomendó llevar a una persona residente de la zona para que fungiera como guía. Su destino era en El Tablón, San Antonio Achichilquito.

Debido a que Lainez llegó en la noche a El Salvador, durmió poco. El domingo 24 de marzo, este se levantó muy temprano para poder llegar a un lugar de encuentro que habían ya establecido con su madre. Su hermana, María, afirmó que esta información la obtuvieron debido a que Laínez solicitó al personal del hotel levantarlo temprano ese domingo. “Esa fue la última vez que el hotel lo ve”, mencionó.

Lainez desayunó de camino a San Vicente. Para ello usó su tarjeta de crédito y fue la última vez que la usó. Luego, también recogió a un sobrino quien lo acompañaría al viaje a tierra vicentina. Tal y como lo habían previsto, estos se reunieron en la casa de su tía y en total sumaron nueve personas que se dirigirían en un trasporte que contrataron hacia aquel río que quedaba alrededor de 45 minutos de distancia.

Llegando al lugar, el conductor, la tía y una persona que cocinaría el almuerzo se quedan en una zona más o menos cerca del río. Esas tres personas permanecieron más cerca del carro que del río. El resto de las personas iniciaron la caminata que supuestamente sería guiada en todo momento por la persona residente de ahí, pero este se fue del lugar sin avisar cuando faltaba medio camino para llegar al río, según relató María.

Foto: Última foto tomada de Tomás Lainez, Traía una camiseta celeste, una camisa cuadriculada, pantalones grises y zapatos negros/Cortesía de María Lainez

Aún sin la ayuda del guía y bajo un intenso sol, el grupo llegó al río. “Mi mamá me contó que mi hermano, en ese momento, se moja la cara y le graba un vídeo y le toma una foto. Y le dice (José Tomás Lainez) a mi mamá, ‘me voy a salir’. Él se va para el montecito, mi mamá les dice a las demás personas: ‘ya vámonos que Tomacito anda cansado’”, dijo María.

Según María, para ese momento, su madre creía que Tomás había regresado al carro en el cual llegaron todos. Eran cerca de las 12:30 del mediodía. Para llegar hasta donde dejaron el carro tardaron un plazo de dos horas debido a que su madre, de más de 50 años, hizo varias paradas para sentarse y descansar unos minutos.

Agregó que, llegando al carro, solo se encontraban en el lugar las tres únicas personas que se quedaron, pero su hermano Tomás no estaba. Ante esta situación se dirigieron a la casa del guía que los acompañó al principio para ver si ahí se encontraba Tomás. Él no estaba ahí. Regresaron a la casa de la tía a 45 minutos de distancia y tampoco había rastro de él.

“En ese momento, mi mamá se preocupa. Le llama a uno de mis hermanos para contarle lo que ha pasado. Nosotros todos conocemos bien a mi hermano, que es una persona bien responsable, humilde, muy bueno. Le dice mi hermano: ‘eso no se oye bien, vete inmediatamente a hacer un reporte a la PNC (Policía Nacional Civil). Él nunca los habría dejado”, siguió contando María.

Tras esto, junto a la zozobra e incertidumbre del paradero de Tomás Lainez, se dirigieron al centro policial más cercano en San Vicente para colocar la denuncia de desaparición. Sin embargo, la PNC no la aceptó. El personal de la Policía alegó que debía transcurrir un tiempo determinado para reportar a una persona como desaparecida, contrario a lo que establece el Protocolo de Acción Urgente (PAU), aprobado en 2018, el cual que no existe un plazo de tiempo determinado para poder recibir una denuncia de una persona desaparecida. Fue hasta el día siguiente, 25 y 26 marzo, que los operativos de búsqueda iniciaron.

Sin rastro de José Tomás Lainez

María Lainez vio por última vez a su hermano mayor un fin de semana en Estados Unidos, previo a su desaparición. Tras conocer lo que había pasado en el viaje de su hermano a El Salvador, también decidió viajar y unirse a la búsqueda. Junto a ella, otros cinco hermanos de Tomás Lainez se unieron.

Sin embargo, para María Lainez, este operativo de búsqueda fue insuficiente, y el personal, que para el segundo día de búsqueda sumaron casi 30 personas, no tenían la capacidad física para una búsqueda efectiva en toda la zona verdosa en donde su hermano fue vista por última vez.

“Yo no lo podía creer cuando lo supe. Obviamente somos una familia muy unida. Nosotros dejamos a nuestras propias familias y todo para ir a buscar (a El Salvador) y unirnos a encontrar a mi hermano”, dijo su hermana.

Más de 30 días han transcurrido desde ese suceso y, a la fecha, el paradero de José Tomás Lainez es desconocido.

“Él quería mucho la vida. También adoraba a su único hijo. Lo adora. Es un gran padre y (para nosotros) un hermano lindo que, si usted necesitaba algo, allí estaba. Como hijo, mi mamá le puede decir, era uno de los hijos mejor portados que haya tenido. Nunca le dio problemas a mi mamá. Una persona que su madre era todo para él y una persona muy trabajadora”, describió María a su hermano.

Tanto María como su familia piden ayuda al gobierno de El Salvador en la búsqueda de su ser querido desaparecido e instan al mismo a aplicar los mecanismos necesarios para encontrarlo. “Mi hermano está ahí en El Salvador. Él no se ha venido. Él se ha perdido ahí, alguien lo tiene y lo que pedimos es ayuda”, expresó María, quien también pidió apoyo al gobierno de Estados Unidos.

“Como familia lo queremos mucho. No vamos a parar hasta encontrarlo. Siempre ha sido un gran hijo y un hermano especial. Nos ha dado los mejores ejemplos. No vamos a descansar hasta traerlo de regreso a su casa”, fue el mensaje de María a su hermano mayor José Tomás Lainez.

Desapariciones: un fenómeno presente en El Salvador

El gobierno de El Salvador ha afirmado, incluso ante organismos internacionales, que en el país ya no existen desapariciones. Por ejemplo, Andrés Guzmán Caballero, comisionado presidencial para los derechos humanos en El Salvador, aseguró que no existen casos de desaparición.

“En el gobierno de Nayib Bukele se logró extinguir delitos como el secuestro, la desaparición forzada y desapariciones por parte de los grupos criminales. En el 2023, la Fiscalía General de la República (FGR) no ha recibido una sola denuncia sobre este tipo de delitos. Tampoco existe ni reconocemos en nuestro contexto las desapariciones forzadas”, dijo ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en la audiencia pública sobre desapariciones en El Salvador.

Solo en 2024, entre el 1 de enero y el 15 de marzo, la PNC registró 158 denuncias de personas desaparecidas. Este dato fue obtenido por un medio de comunicación escrito nacional de una base de datos policial filtrada en un grupo de mensajería instantánea llamado CiberInteligenciaSV, en donde se publicaban datos oficiales filtrados. Los datos los confirmó dicho medio con fuentes policiales que pidieron el anonimato.

Por su parte, entre 2019 y junio de 2022, organizaciones de derechos humanos en el país estimaron que las denuncias de desaparición forzada ascendieron a 6,443, pero que no se pueden hacer aseveraciones finales porque no se tienen datos concretos. Durante el régimen de excepción los casos que han registrado las mismas organizaciones superan los 300 casos.

La reserva de información declarada desde junio de 2022 sobre las estadísticas de homicidios, personas desaparecidas y la información sobre fosas y cementerios clandestinos.

“Actualmente es difícil sentar una posición sobre las cifras de las desapariciones. En primer lugar, porque la información está reservada, en segundo lugar, porque, aunque no estuviera reservada, las mimas instituciones que ven el tema desapariciones desde antes de esta reserva, tenían cifras distintas porque no hay un registro único de personas desaparecidas; y porque, en tercer lugar, actualmente también existe una desconfianza de la población en la información oficial que se publica desde las cuentas de estas instituciones. Creo yo que hay un fenómeno de desinformación”, dijo a VOCES Idalia Zepeda, abogada de la Asociación Salvadoreña para los Derechos Humanos (ASDEHU) y quien acompaña al Bloque de Búsqueda de Personas Desaparecidas (BBPD).

Asimismo, sostuvo la abogada, continúa en El Salvador la desatención “generalizada” por parte de las autoridades competentes en la recepción e investigación de casos de desaparición como resultado de la carga laboral que tienen los servidores públicos. Esto sumado al poco personal destinado a ello, poco equipo técnico y poco presupuesto. “Quizás porque no es una agenda prioritaria del Estado la búsqueda de personas desaparecidas, los hallazgos de fosa y cementerios clandestinos”, añadió.

A este escenario en El Salvador, las autoridades no han dado respuestas a las exigencias de múltiples organizaciones y familiares de personas desaparecidas sobre aprobar una política de estado de búsqueda o una ley de búsqueda de personas desaparecidas y la creación de un registro de ADN, ni de solicitudes de desclasificar las ubicaciones de fosas clandestinas.

Con edición de Diego Hernández

About David Ramírez

Periodista de VOCES

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