“Ser una persona negra y ser una persona rizada también es parte de esta belleza intercultural que tenemos”, expresó Ana Yency Lemus, directora AFROOS.
En El Salvador las políticas públicas para frenar el racismo, para el reconocimiento y el respeto de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales de las mujeres y demás población afrodescendiente, continúa siendo una deuda, señaló Ana Yency Lemus, directora de la Fundación Afrodescendientes Organizados Salvadoreños (AFROOS), en una entrevista a VOCES.
“No existe en El Salvador un reconocimiento. No existe ninguna política pública a favor de nosotras las mujeres afrodescendientes y de la población en general.”, dijo Lemus.
Ana Yency Lemus es una mujer afrodescendiente, activista y defensora de los derechos humanos desde la edad de 14 años.
En 2019, Lemus, y un colectivo de mujeres y hombres afrodescendientes, crearon la Fundación Afrodescendientes Organizados Salvadoreños (AFROOS), una organización que nace para trabajar por el reconocimiento y respeto de los derechos de la población afrodescendiente en El Salvador.
Desde AFROOS han acudido tres veces a la Asamblea Legislativa para interponer una pieza de correspondencia pidiendo el reconocimiento constitucional de esta población en el artículo 63. La primera vez fue en 2017, la segunda en 2019, y recientemente en este año.
“Nosotros pedimos explícitamente que en el artículo 63 se agregue la palabra afrodescendientes”, aseveró.
A juicio de Lemus, la falta de respuesta está ligada a la falta de voluntad política.
En 2014, la Asamblea Legislativa ratificó una reforma a la Constitución en el artículo 63 para que el Estado salvadoreño reconozca a los pueblos indígenas del país. En el caso de las poblaciones afrodescendientes, esto no ha pasado.
“Son racistas, porque dentro de nuestra Constitución no aparecemos como población afrodescendiente”, dijo Lemus.
La defensora de derechos humanos expresó que ella misma ha experimentado el racismo al que son sometidas las personas afrodescendientes en El Salvador.
“He sufrido en carne propia lo que es el racismo y la discriminación por ser una mujer con tez más clara y una mujer de cabello liso. Ustedes lo pueden ver en mis redes sociales cuando yo hablo sobre el tema de mujeres afrodescendientes siempre tienden a decirme que no soy una mujer afrodescendiente porque me quieren ver como una mujer con cabello rizado o con tez más oscura. Lo que no comprenden es que soy una descendiente, pero también he escuchado casos y he tenido la oportunidad de conocer a compañeras que tienen el cabello rizado y que tienen la tez más oscura y en ellas también se vive el racismo y la discriminación por su fenotipo”, expresó.
Lemus contó que en su familia ella no es la primera persona que sufre de racismo. Su abuela sufrió de abuso racial cuando apenas tenía 8 años.
“Me han impactado muchos casos, pero voy a hablar de un caso propio, caso por el cual se funda Afrodescendientes Organizados Salvadoreños (AFROOS), y es el caso específico de mi abuela donde le quitaron la oportunidad de estudiar a sus 8 años porque ella es una mujer con tez más oscura y con su cabello rizado. Entonces ahí ya le decían ‘prieta’, le decían ‘mica’, le decían que era fea y esa fue la causa por la que mi abuela no terminó la escuela”, dijo.
El abuso ha sido de tal magnitud que ha llevado a que mujeres con piel negra hayan decidido bañarse con lejía o echarse cal en un intento de aclarecer su piel para ya no ser víctimas de racismo, explicó Lemus.
“A veces estamos en un proceso porque nos obligan a que tenemos que estar lisas, a que tenemos que estar delgadas, a que tenemos que no ser negras, sino ser blancas, porque el sistema racista nos ha llevado a esto, pero que aprendamos a deconstruirnos y estar en ese proceso de querer cambiar sobre lo que creemos de los estereotipos de belleza, porque ser una persona negra y ser una persona rizada también es parte de esta belleza intercultural que tenemos”, expresó.
El autorreconocimiento
Para la directora de AFROOS, el autorreconocimiento es una de las claves para deconstruir esquemas mentales que obligan a las personas afrodescendientes a creer que deben seguir estereotipos estéticos antiguos y para avanzar en la conquista de derechos.
Ella se autoreconoce como originaria de Atiquizaya, de la etnia Panune.
“Yo soy orgullosamente originaria del municipio de Atiquizaya, de la etnia Panune, y por eso es que me autoreconozco como una persona afrodescendiente, pero también porque he tenido durante estos años un proceso hacia mi persona sobre mis raíces, sobre mi identidad, de dónde vengo, de dónde soy, y es por eso que tengo la potestad para decir que soy una persona afrodescendiente de la etnia Panune”, expresó.
En 2011 emprendió este camino de descubrir sus orígenes; proceso que desembocó en la fundación de AFROOS en 2019.
Entre otras de las demandas de la población afrodescendiente para encaminar el reconocimiento es que desde el Ministerio de Educación se impulse en el currículo educativo el tema de personas afrodescendientes.
Lo anterior, dijo, aportaría al auto reconocimiento a las personas en El Salvador. “Dejaríamos de ser tan racistas y discriminatorios cuando nos hablan sobre una etnia en específico, y también abriría puertas para que se creen programas a favor de nosotras las mujeres afrodescendientes. Hay tanto que explorar en el ámbito de mujeres afrodescendientes en la salud, en la educación, en la gastronomía, en la forma, en los peinados como las trenzas es que son parte de nuestra cultura africana”, señaló Lemus.
En el Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente, Lemus llamó a todas las mujeres con cabello rizado y tez oscura a reconocer esa fuerza que las distingue y sentirse orgullosas de sus orígenes.
Desde 1992, tras el primer encuentro de mujeres afrodescendientes celebrado en Santo Domingo, y al que asistieron más de 400 mujeres, cada 25 de julio se conmemora el Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente. Esta fecha conmemorativa a nivel internacional es para visibilizar a las mujeres afrodescendientes y promover políticas públicas que ayuden a mejorar su calidad de vida y a erradicar el racismo y la discriminación.
Con redacción de David Ramírez, reporteo de Alejandra Valdiviezo y edición de Diego Hernández
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