lunes , abril 22 2024

La Emboscada: un libro que nos arrebata, consuela y desafía

Por: Carlos Mario Castro

–A la memoria de los periodistas perseguidos y asesinados por informar

En los cruentos y peligrosos años de la ocupación nazi en Países Bajos, durante la segunda gran guerra europea, Etty Hillesum, una joven universitaria judía y neerlandesa, desaparecida junto con toda su familia en los campos de exterminio, escribió en su diario que al terminar la guerra quería convertirse en escritora, en periodista y cronista, para ser puente de entendimiento y comprensión entre las diversas poblaciones del mundo. Esta joven pretendía que su escritura sirviera para que unos y otros donde quiera que estuvieran, sin importar las diferencias de la índole que fueran, pudieran leer en la vida de la otra gente a la que no conocían. “Poder leer en la vida de la gente –escribió Etty—es lo más hermoso que conozco” (Una vida conmocionada).

Al recordar a Etty Hillesum quiero señalar que si algo parece caracterizar a Países Bajos después de su cruel y criminal ocupación durante la guerra, ese rasgo es no olvidar a sus hijos e hijas asesinados injustamente, rescatar su testimonio, darlo a conocer al mundo, y exigir con todas las fuerzas posibles que haya memoria, justicia y reparación. Es decir: romper con las redes de impunidad y encubrimiento.

Por lo anterior, existe una sensibilidad de no dejar marchitar ni perderse en el olvido a los legados de compromiso y justicia con la humanidad. En el caso de Etty Hillesum, editores neerlandeses recuperaron su diario, desconocido durante muchos años hasta 1980, y gracias a esa rehabilitación editorial de su escrito ahora podemos saber mejor lo que aquella violenta invasión significó para todo el pueblo de Países Bajos.

De la misma manera, la publicación de La Emboscada: Asesinato y memoria de cuatro periodistas holandeses en El Salvador, nos acerca al conocimiento de 4 periodistas neerlandeses de la cadena IKON TV, Koos Koster, Jan Kuiper, Joop Willemsen y Hans ter Laag, liderados por Koos, quien de la teología pasó a enamorarse del periodismo, y cuya vida y vocación periodística fue influida por el obispo salvadoreño Óscar Romero, asesinado en 1980 por un escuadrón de la muerte por dar, a través de su palabra en el púlpito y la radio, la voz a quienes no la tenían y eran silenciados por la maquinaria de muerte del Estado salvadoreño. Este era apoyado en su represión por el gobierno republicano de Estados Unidos, confundido como siempre en su creencia de que cualquier exigencia de justicia sólo puede significar para su dogma de la seguridad nacional un eco amenazador de su entonces confrontación geopolítica con la extinta Unión Soviética.

Koos Koster, y sus compañeros periodistas, siguieron el ejemplo de Etty Hillesum y de Óscar Romero. Se enamoraron desde el periodismo de la gente sencilla de un muy pequeño país, quisieron resolver el enigma de la verdad de la guerra y darla a conocer al mundo, para que el resto de las naciones y sus ciudadanos supieran lo que realmente ocurría en esos todavía primeros, pero muy violentos años de la guerra civil en El Salvador.

También como el obispo Romero buscaron con su trabajo dar voz a quienes no la tenían, sin importar las amenazas o los peligros reales que se interponían para impedir que cumplieran con su misión de informar y dar a conocer esa otra versión necesaria de la guerra civil salvadoreña, sobre la cual el Estado, las fuerzas armadas y Estados Unidos, habían levantado toda clase de cercos y colocado mortales barricadas para evitar que esa otra versión fuera conocida por la ciudadanía en todo el mundo.

Un periodismo comprometido con los más vulnerables

El libro La Emboscada es una invitación para nuestro tiempo a abrevar en la fuente de lo que significa la vocación periodística, especialmente en contextos de violencia y desinformación, que todavía son el pan de cada día en el contexto presente de nuestras sociedades en América Latina y otras regiones del mundo.

En este sentido, el libro puede ser de mucha utilidad para las generaciones jóvenes entusiasmadas con el periodismo. Sobre todo, una enseñanza del periodismo de estos 4 informadores de Países Bajos es la de no sucumbir a la tentación de distraerse con cortinas de humo, y el de fijar su observación periodística en lo fundamental como información. Koos Koster y sus compañeros, en lugar de distraerse con la cobertura de unas elecciones de pura formalidad democrática, tomaron la decisión de ir al encuentro de esa otra verdad de la guerra civil salvadoreña que pretendían encubrir y negar aquellas truculentas elecciones de marzo de 1982. Ese compromiso con la verdad periodística les costó la vida.

Su ejemplo sigue siendo muy necesario y La Emboscada contribuye a rescatarlo. Sigue siendo necesario para El Salvador en estos momentos en que su pequeña democracia vive momentos políticos sombríos, de peligroso angostamiento. También se necesita para que aprendamos a no dejar en la impunidad el asesinato de periodistas independientes en países donde informar con honradez es una sentencia de muerte. Y finalmente, su legado es un imperativo para el periodismo del mundo, sobre todo cuando en realidad una mayoría de democracias sólo son simulaciones que cobijan y protegen el interés económico de una minoría en contra del bien común de las mayorías de ciudadanos.

Hay unos versos de Rainer Maria Rilke dedicados a la música, que dicen: “ellos ya nos necesitan, ellos, los ausentados prematuramente: suavemente se va uno desacostumbrando a lo terrenal, como se aleja uno de los dulces pechos de la madre. Pero nosotros [los que nos quedamos]– que tan grandes misterios necesitamos, y para quienes tantas veces surge el dolor del avance, ¿podríamos vivir sin ellos?” (A. Pau, Rilke y la música, 2016). De igual manera nosotros no podemos vivir sin acordarnos del legado de Koos Koster, Jan Kuiper, Joop Willemsen y Hans ter Laag, porque su ausencia prematura, su espíritu sin muerte, aun ahora nos arrebata, nos consuela y desafía.

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