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“No quiero que este calvario le pase a nadie más”, la importancia de hablar sobre la salud ginecológica

Nathaly tenía 10 años cuando tuvo su primera menstruación, y aunque desde entonces han pasado 15 años, todavía recuerda los dolores constantes e insoportables que experimentó. Muchos le dijeron que ese dolor era normal y que solo con tomar un analgésico se aliviaría. Sin embargo, aquellos malestares que le impedían levantarse de la cama no se irían tan fácil.

Luego de asistir a varias consultas médicas en las que solo escuchaba diagnósticos sin fundamentos, a sus 17 años de edad le dijeron que padecía del síndrome de “ovario poliquístico”, un padecimiento que afecta al 10 % de las mujeres en edad reproductiva y que ocupa una de las tres primeras causas de referencia a consulta externa en el Hospital Nacional de la Mujer.

Pero los tratamientos que le indicaron no fueron suficientes para disipar el dolor que mes a mes se asemejaban a una larga punzada que recorría su espalda baja hacia su vientre. Ese dolor, le diría una especialista más adelante, era semejante al que padece una mujer durante el proceso de parto.
Pasaron siete años más de ir y venir en consultorios médicos, obtuvo finalmente un diagnóstico certero. Se trataba de un cuadro de endometriosis.

Lo que acompaña la enfermedad

Con ojos llorosos y una voz que se esfuerza por no quebrarse, Nathaly recuerda los días en que lloraba por no saber qué ocurría con su cuerpo. El dolor era tan fuerte que comenzó a comprar fajas para comprimir su espalda y sentir alivio.

Confirmar su cuadro de endometriosis a los 24 años fue difícil, y también lo fue para ella, comunicarlo a su familia y personas cercanas. Por lo que implica el estigma que acompaña este tipo de enfermedades y los señalamientos machistas que surgen ante el desconocimiento sobre el tema.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) determinó que la endometriosis tiene importantes repercusiones en diversos aspectos de la vida de las mujeres que la padecen, uno de ellos está relacionado con la salud mental.

Fue hasta el 2020, durante la pandemia, que su familia dimensionó la situación que ella estaba viviendo debido a los episodios graves de dolor que experimentaba encerrada en su cuarto durante la cuarentena.

Un sistema de salud defasado

Nathaly recurrió a un hospital público para suministrarle otra clase de medicamentos, ya que los que acostumbraba tomar dejaron de surtir efecto.

Le recetaron la mezcla de ketorolaco y tramadol; medicamentos que según la escalera de analgésicos proporcionada por la OMS son indicados para el tratamiento a corto plazo del dolor moderado a severo de origen agudo, mayormente usado para tratar fracturas y hasta como tratamiento de analgésicos para el cáncer.

“Llegué al punto en el que ya no me hacían efecto”, cuenta Nathaly. Por eso, tenía que regresar cada 15 días al hospital para que le suministraran estos medicamentos debido al nivel agudo de dolor que sentía en el vientre y espalda.

Como siguiente alternativa a los analgésicos, comenzaron a aplicarle diatermias, un tratamiento no invasivo con el que se consigue elevar la temperatura de los órganos o tejidos del cuerpo a través de corrientes eléctricas de radiofrecuencia para controlar los espasmos musculares que son los causantes del dolor lumbar.

Debido a la exposición constante de calor, a Nathaly le dijeron que solo es permitido colocar 20 terapias al año. Sin embargo, por su nivel de dolor se le iban a suministrar 40. Ella no soportó el tratamiento, pues implicaba ir al hospital todos los días y regresar a casa cansada y con la piel reseca en consecuencia a las altas temperaturas a las que estaba expuesta hasta por casi 20 minutos.

Al no contar con especialistas en el país, se vio obligada a buscar recursos fuera de él. Por ello, Nathaly tomó la decisión de viajar y operarse en México, ya que realizarse la operación allá le garantizaba la extracción completa de las adherencias —cintas de tejido parecidas a una cicatriz causante de que los tejidos u órganos se queden pegados— procedimiento que en El Salvador no se brinda.

La doctora Clarisa Castro, ginecóloga obstetra, explica que existen factores como la brecha tecnológica que no permite tener de manera accesible tratamientos más avanzados. “Respecto, a que, si hay algo más o menos moderno, prácticamente depende del alcance quirúrgico que nosotros como doctores podamos tener, ya que dependiendo de la etapa de la enfermedad es más difícil retirar el tejido dañado”, explicó.

Un compromiso no solo conmigo

Nathaly cuenta que, después de tantos años, el llanto y la tristeza se convirtieron en enojo e impotencia. Ella comenta que de ese dolor surgió algo bueno: una iniciativa que la iba a motivar no solo a ella, sino también a otras mujeres con el mismo diagnóstico a construir redes de apoyo y alfabetización sobre todo lo relacionado a la endometriosis.

Organizó la Asociación de Endometriosis de El Salvador, que forma parte de la Asociación Iberoamericana de Endometriosis, donde ella junto con otras mujeres que padecen la enfermedad trabajan para divulgar información adecuada y apoyar a otras mujeres que estén pasando por el mismo diagnóstico.

Después de su operación, durante su proceso de recuperación comenzó a reflexionar sobre su trabajo en la asociación y cómo su testimonio y el de otras mujeres podían llegar a resonar en aquellas que aún no han sido diagnosticadas y también en aquellas que lo saben pero que no poseen la información o recursos suficientes para tratarse.

“Me tomé el tiempo para poder analizarlo mejor y llegué al punto de decir que no quiero que este calvario le pase a nadie más”, agrega. La endometriosis es una enfermedad poco comentada en El Salvador ya que a nivel internacional sigue en etapa de estudio, sin mencionar los tabúes que aún siguen presentes en las mujeres relacionados al tema de la menstruación y la salud ginecológica.

Desde el 2022 se conmemora cada 14 de marzo en El Salvador, el Día Nacional de la Endometriosis. Para Nathaly, el proceso no ha sido fácil. Para este 2024 se ha logrado mayor apertura para generar espacios para que tanto las mujeres como el personal médico se informen sobre esta enfermedad, que a pesar de no tener cura, posee tratamientos de regulación.

El sueño de Nathaly es que todas las mujeres que padecen endometriosis tengan la oportunidad de optar por un tratamiento sin tener que esperar extensos periodos de tiempo. “Eso no se puede hacer de la noche a la mañana, pero paso a paso se puede construir”, enfatiza.

Nathaly junto al equipo de trabajo de la asociación, han tenido la oportunidad de compartir sus testimonios en espacios con otras mujeres y así derribar el miedo, los estigmas y los tabúes que muchas niñas, jóvenes y mujeres adultas sienten al momento de hablar sobre la menstruación y la salud ginecológica.

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